Hamburguesas depredan la Amazonia
Aun sabiendo las aportaciones del bioma amazónico, en las últimas cinco décadasse ha deforestado una quinta parte del bosque tropical brasileño y sería catastrófico perder una extensión similar en los próximos años.
La salud de los pulmones de la Tierra se ha deteriorado a una velocidad antes no vista y más en el novel mandato del ultraderechista Jair Messias Bolsonaro.
En campaña prometió recuperar la economía del gigante sudamericano a costa de la Amazonia, porque, según él, la política ambiental que ha llevado Brasil “ha asfixiado” al país.
Y sí, está cumpliendo sus promesas. Va en camino de explotar las industrias agropecuaria, minera, petrolera y de maderas finas no en cualquier lugar, sino en las tierras protegidas y las de los pueblos indígenas del bioma amazónico.
El presidente no está solo para tal efecto. Para ello nombró a Ricardo de Aquino Salles como ministro de Medio Ambiente —acusado por alterar mapas de impacto ambiental del río Tietê cuando trabajó en la Secretaría de Medio Ambiente de São Paulo—, quien está desmantelando la política ambiental y de protección, de acuerdo con organizaciones ambientalistas brasileñas.
No podemos olvidar a Tereza Cristina Corrêa da Costa Dias, ministra de Agricultura, conocida como “la musa del veneno”, porque tiró las restricciones sobre pesticidas tóxicos.
Sin duda, una combinación clara para el ecocidio.
Para entender la importancia de la Amazonia hay que decir que consta de 7.4 millones de kilómetros cuadrados que comparten Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Ecuador.
Más de dos tercios del bosque tropical se encuentran en Brasil y es hogar de, al menos, el 10% de la biodiversidad.
Además, la Amazonia es el segundo sumidero de carbono más grande del mundo, después de los océanos. Por ello, es fundamental para la lucha contra la crisis climática.
Así, el bioma amazónico que comparten ocho países sudamericanos es vital no sólo para ellos, sino también para toda la humanidad.
Aun sabiendo las aportaciones de la Amazonia, en las últimas cinco décadas se ha deforestado una quinta parte del bosque tropical brasileño y sería catastrófico perder una extensión similar en los próximos años.
Eso no es todo. También morirían los ríos y se liberaría el carbono, lo cual alimentaría aún más el calentamiento global.
Ese escenario no está alejado de la realidad. De acuerdo con el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, en mayo, la deforestación aumentó un 34% en comparación con mayo pasado, pero en junio, respecto al mismo mes de 2018, la deforestación aumentó 88%, es decir, se destruyeron 920 kilómetros cuadrados.
No por nada Greenpeace ha calificado a Bolsonaro y a su gobierno como una “amenaza para el equilibrio climático”.
Un estudio publicado por Nature Climate Change indica que, además de la deforestación, la capacidad de supervivencia de los árboles de la Amazonia tiene otra amenaza, el cambio climático.
La inestabilidad climática y la deforestación, en combinación, podrían causar una disminución de hasta el 58% de la riqueza de especies de árboles para 2050, señala la investigación.
Y es que la evidencia demuestra que el bosque tropical experimenta dificultades para adaptarse al aumento de las temperaturas y a la sequía.
Otro de los grandes peligros para los pulmones de la Tierra es la carne de res, de acuerdo con un reportaje del diario británico The Guardian titulado “Revealed: rampant deforestation of Amazon driven by global greed for meat” (Revelado: la deforestación desenfrenada de la Amazonia impulsada por la codicia mundial por la carne).
La pieza periodística destaca que miles de hectáreas de la Amazonia se talan año con año para proporcionar carne de res a los mercados mundiales.
Las empresas AgroSB, Agropecuária SA y JBS son señaladas por deforestación ilegal por el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama).
Sin duda alguna, la ganadería extensiva es la principal causa de la deforestación de las selvas y bosques del planeta y, de seguir, la crisis climática se agravará.
La Amazonia, además de ser el hábitat de una diversidad de vida, es necesaria para nuestra propia supervivencia.
Así que antes de comer una hamburguesa de res reflexionemos que para producir una sola pieza se requieren mil 700 litros de agua.
Y para alimentar al ganado se necesitan pastizales y soya, lo cual causa deforestación.
Sí, el futuro de la Amazonia es incierto por todas las actividades depredadoras que la rodean.
