Gastrodiplomacia
PorSusannah Goshko* Olvídense por un momento de los discursos solemnes y los protocolos rígidos: a veces, las mejores negociaciones se dan en medio de una comida y los desacuerdos más extremos se resuelven después de un brindis. La gastrodiplomacia es el arte de ...
Por Susannah Goshko*
Olvídense por un momento de los discursos solemnes y los protocolos rígidos: a veces, las mejores negociaciones se dan en medio de una comida y los desacuerdos más extremos se resuelven después de un brindis.
La gastrodiplomacia es el arte de acercar naciones a través de sus sabores y es una poderosa herramienta de soft power, pues es cierto que “somos lo que comemos”.
Este 16 de noviembre se celebró el Día Nacional de la Gastronomía Mexicana, una fecha que nos recuerda que pocas expresiones culturales nos definen tanto como la comida, ya que no sólo refleja nuestra historia, sino también con quiénes nos relacionamos y cómo creamos cosas nuevas juntos.
Por eso, no sorprende que la gastronomía mexicana sea Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; y que tantos británicos estemos enamorados de los miles de platillos que este país tiene para ofrecer.
El primer día que llegué a México, mi equipo me invitó a probar algunos antojitos callejeros. Ahí supe, por ejemplo, que los elotes preparados –así como la mayoría de la comida mexicana–, llevan chile del que pica.
En Puebla conocí el mole, en Monterrey la carne asada –que me recuerda a nuestros barbecues en verano–, en Pachuca probé los pastes –hijos de los pasties de Cornualles–, en Guanajuato las enchiladas mineras, e incluso aprendí a hacer chiles en nogada en la Escuela de Gastronomía Mexicana, y así podría seguir con la lista, porque todo es delicioso.
Pero, además, de la mano del equipo de Residencia, entre ellos nuestros brillantes chefs José Aranda y Enrique Román, he tenido el privilegio de celebrar la conexión de nuestros países. En eventos oficiales y reuniones con amigos, han creado menús que mezclan nuestras tradiciones: como el beef Wellington con hoja santa y salsa de chapulines o los fish and chips con chipotle.
Ha sido interesantísimo ver cómo el whisky escocés o el gin inglés han encontrado en México un terreno fértil para la creatividad: maridados con frutas tropicales, flores y chiles, se convierten en cocteles únicos.
Este intercambio también se refleja en las marcas británicas que hoy forman parte del panorama gastronómico mexicano: Tiptree con sus mermeladas artesanales, Diageo con whiskies y ginebras, Rare Tea Company llevando el ritual del té a nuevas mesas y con ingredientes locales, Green Rhino con propuestas sostenibles de panadería, y clásicos como Walkers, Maldon, Coleman’s y Baxters en las alacenas de hogares mexicanos.
Incluso, restaurantes como The Lamb, de Federico Patiño y Poppy Powell, El Olvidado de Anthony Valender o el pub The Duke of Lisbon de Ryan Paine traen un pedacito de la tradición británica a México, creando espacios donde se puede disfrutar de un sunday roast, un shepherd’s pie o un sticky toffee pudding, pero maridado con un buen vino mexicano.
Esta mezcla de nuestras culturas también pudo ser disfrutada en los platillos y bebidas que se sirvieron durante la celebración oficial del King’s Birthday Party, en conmemoración del cumpleaños de su majestad el rey Carlos III el pasado jueves.
Y es que las tradiciones compartidas se van construyendo poco a poco, a veces de formas inimaginadas. Recién me enteré de que el “tin, tin, tin” –el golpecito de la cuchara en el vaso con el que se pide un lechero en el Café de la Parroquia– viene de principios del siglo XIX, cuando los conductores del tren, construido en colaboración con británicos, tocaban la campana como señal para que les prepararan su bebida.
Y si algo une a mexicanos y británicos es que ambos somos tragones orgullosos. Los mexicanos no perdonan el antojito de la tarde, y los británicos defienden su hora del té con la misma pasión. Aquí nadie se salta la comida: si no es un taco, es un pastelito; si no es un mole, es un pudding. Quizá por eso nuestras mesas se entienden tan bien: porque, en el fondo, ambos países saben que la vida es demasiado corta para decirle que no a un buen bocado.
Cuéntenme, ¿qué otro platillo debería probar? Y ustedes, ¿qué comida británica han comido? Los leo en redes sociales, en X e Instagram, en @SusannahGoshko y @UKinMexico.
*Embajadora del Reino Unido en México
