El peor enemigo de López Obrador

No entiendo cuáles son los beneficios que le deja el gastar su capital político en proteger a los maestros disidentes que se oponen a la reforma estructural más popular, la educativa.

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

El peor enemigo de López Obrador es López Obrador. Lo suyo es de diván. Hace todo lo posible por ganar y, a la hora de la verdad, se autosabotea. En esta ocasión iba muy bien; de nuevo, contra viento y marea, iba subiendo como la espuma y vuelve a equivocarse. ¿A qué me refiero? A la defensa que está haciendo de lo indefendible: de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). De verdad no entiendo cuáles son los beneficios que le deja el gastar su capital político en proteger a los maestros disidentes que se oponen a la reforma estructural más popular, según las encuestas, del presidente Peña Nieto: la educativa.

Electoralmente a lo mejor suma algunos votantes en estados donde la CNTE tiene presencia: Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Guerrero y la Ciudad de México. Pero ahí ya está fuerte López Obrador. A lo mejor obtiene un ejército de operadores políticos que le ayudará a cuidar las casillas en 2018. A lo mejor lo hace para atacar, desde ya, a uno de los posibles candidatos presidenciales del PRI, el secretario de Educación, Aurelio Nuño. Y a lo mejor ya está pensando que podría perder por tercera ocasión y, de ser así, que necesitará al ejército de protestantes profesionales de la CNTE para movilizarse en contra de un supuesto fraude.

Eso por el lado de los intereses. Se me ocurre que también es posible que exista una afinidad ideológica de López Obrador con los maestros de la CNTE. Que el tabasqueño esté efectivamente en contra de que los profesores se evalúen y compitan por las plazas. Que es mejor dejarle el control de la educación a los sindicalistas para que éstos la manejen como lo han hecho en los estados de Oaxaca y Chiapas.

Pero, al apoyar a la CNTE, López Obrador incurre en grandes costos. Número uno: le da municiones a sus adversarios, quienes usarán esta alianza para argumentar, de nuevo, que el tabasqueño no es un líder de izquierda moderna, sino un viejo político del nacionalismo revolucionario mexicano, de los que apapachaban a los grupos corporativos a cambio de apoyos electorales. Número dos: la foto de López Obrador marchando en favor de líderes de la CNTE, que históricamente han sido unos rufianes dedicados a medrar con el poder aliándose a políticos de la talla de José Murat, lo desprestigia frente al electorado más independiente. Y, número tres, envía el mensaje de que AMLO efectivamente está en contra de las reformas estructurales y que, de llegar al poder, las echaría para atrás (hay quienes piensan que su discurso es pura retórica y que, a la hora de estar despachando en Los Pinos, no daría marcha atrás a las reformas, incluyendo la educativa).

En suma, creo que López Obrador comete un error al abrazar las causas de la CNTE. Le puede costar muchos votos justo cuando estaba demostrando que era uno de los posibles líderes en la competencia electoral de 2018. Qué bien iba. Su partido, Morena, sin él en la boleta, obtuvo más del 15% de la votación en las pasadas elecciones del 5 de junio. Ya es, sin duda, la tercera fuerza electoral detrás del PRI y el PAN. Logró desfondar al PRD al punto que varios perredistas piden a gritos que AMLO los acoja en su seno sin importar las groserías que les ha dicho. Además, por lo pronto, es el candidato más conocido y popular en las encuestas.

A dos años de las elecciones presidenciales, López Obrador está posicionado como uno de los favoritos para ganar en 2018. No se entiende que, con esa fuerza, salga con la ocurrencia de apoyar a la CNTE. Es un error. Recordemos que en la elección de 2006 también arrancó como favorito, pero se dedicó a autosabotearse. Cuatro equivocaciones le costaron la Presidencia: insultar a un presidente popular como era Fox (con eso del “cállate chachalaca”), no responder los spots que lo criticaban por ello, no asistir a uno de los debates y desdeñar al otro partido de izquierda –Alternativa, que lanzó a Patricia Mercado– en lugar de aliarse con ellos.

Yo creí que López Obrador había aprendido de sus errores y, después de dos campañas, más maduro, entendería que las ocurrencias cuestan. El apoyo a la CNTE le costará justo cuando venía subiendo tan bien. Lo dicho: lo suyo es la autodestrucción, él es su peor enemigo. Para el diván.

                Twitter: @leozuckermann

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