Renacimiento de la oposición y reforma electoral

La definición del candidato a la Presidencia de la República debe hacerse mediante reuniones sectoriales sucesivas en los estados. Las presentaciones de quienes hayan reunido suficientes votos de apoyo se harán en foros de debate para que el público los conozca. Los expositores que cumplan las reglas eliminatorias debatirán en el evento definitorio.

Organizaciones de la sociedad civil, actores políticos, líderes vinculados al sector patronal, exgobernadores, legisladores y exlegisladores se sumaron este martes 1 de octubre a Unid@s, un nuevo bloque opositor. Se trata de construir alianzas… una candidatura presidencial única y propuestas de unidad para distintos puestos de elección popular. La innovación más trascendente es acordar con los partidos que el gobierno triunfante sea de coalición.

Entre las organizaciones convocantes están el Frente Cívico Nacional (FCN), UNE México, Sí por México, Sociedad Civil México, Unidos por México y Poder Ciudadano. Los promotores son Claudio X. González Jr., Gustavo Madero, Emilio Álvarez Icaza, Gustavo de Hoyos, Carlos Medina Plascencia, Graco Ramírez, Guadalupe Acosta Naranjo, Fernando Belaunzarán, Beatriz Pagés, Cecilia Soto, y muchos más.

La sociedad civil renace en los recuerdos de aquella Alianza Cívica, Consejo para la Democracia, Grupo San Ángel, Mujeres en Lucha por la Democracia, Convergencia de Organismos Civiles Para la Democracia, de los años ochenta y noventa, que lograron la creación de los organismos electorales ahora bajo asalto de la 4T.

La defensa es la nueva coyuntura, igualmente histórica. La aparición de líderes y candidatos desmiente carencias. Otra cosa es la prisa que el Presidente de la República se empeña en imprimir a la carrera hacia la Presidencia. Está urgido por jugar con “destapados”, uno tras otro, desgastarlos, y a la seriedad del proceso, y seguir distrayendo la atención para abrir cancha a un triunfo de Morena.

Debemos, sin embargo, estar advertidos. La historia demuestra que al electorado fácilmente se le captura coaccionándolo a llevar al poder precisamente a los individuos menos deseables.

No hay que ir más lejos que nuestra propia experiencia. Dimos a un verboso profeta tropical los más amplios poderes para tomar las decisiones públicas más desastrosas. Tampoco nos cuidamos por elegir los mejores a los congresos locales ni federal, ni a las más de 2,400 alcaldías.

Hoy padecemos la pésima administración e incompetencia del Presidente que, como todo régimen de izquierda de raíz marxista-leninista, es epítome de desorden, voracidad económica y notoria ineptitud en la solución precisamente de los problemas sociales que prometió atender. Crece el repudio del mismo pueblo que al principio lo llevó a un cargo transformado en dictadura.

La reacción ciudadana crece al avanzar en el proceso de forjar un candidato a la Presidencia que venza la estructura del partido que AMLO ha hecho suyo.

La definición del candidato a la Presidencia de la República debe hacerse mediante reuniones sectoriales sucesivas en los estados. Las presentaciones de quienes hayan reunido suficientes votos de apoyo se harán en foros de debate para que el público los conozca. Los expositores que cumplan las reglas eliminatorias debatirán en el evento definitorio.

El proceso anterior es directo y efectivo para identificar a los ciudadanos más capacitados para las funciones públicas a las que aspiran y que al país urge tripular. El proceso sería organizado por el INE y abrirse en igualdad de oportunidad a los postulados, tanto por las organizaciones cívicas, como por los partidos políticos.

El asunto no es tan fácil. Se dice que el gobierno federal cree que es el momento de ir por la reforma política para sustituir al Instituto Nacional Electoral por un nuevo organismo y eliminar los Organismos Públicos Locales (OPLES), reducir el financiamiento a los partidos políticos y eliminar plurinominales en el Congreso.

Tal reforma política alcanzaría mayoría calificada y entraría en vigor el próximo año, antes de que comience el proceso electoral federal del 2024, y la elección presidencial sería organizada por el nuevo Instituto Electoral y no por el actual.

Las señales actuales no indican, pues, que el partido en el poder se proponga instaurar un proceso simple y directo y genuinamente democrático. La intención de la 4T es la de perpetuarse. Su verdadero propósito es eliminar el INE actual para sustituirlo con un ente dependiente del gobierno,  como el del antiguo PRI. La reducción de parlamentarios plurinominales no tiene por objeto reducir el gasto, sino el número de conocedores de los problemas nacionales.

Pero si a realidades nos vamos, el enemigo más serio de un sistema más eficiente es el escepticismo negativo de los partidos políticos, que ven en ello una pérdida de poder y privilegios económicos. Ojo.

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