La discusión realista, no ilusa

Todo está a discusión, aunque nada se resuelva. Las ingentes carencias de justicia o las dramáticas carencias siguen y hasta se amplían en nuestro país mientras que, en otros, la acción pública y privada se combinan para ser efectiva. Aquí, en cambio, se enredan las perspectivas y se aleja la posibilidad constructiva.

Los últimos días nos han deparado ocasión para reflexionar sobre el realismo de las intensas discusiones en que estamos envueltos sobre los problemas que nos aquejan como comunidad nacional.

A medida que pasa el tiempo, y ya llevamos varios meses en ello, las discusiones a todo nivel de la población y en absolutamente todos los ámbitos sociales se ocupan en desde si es correcta o incorrecta la percepción de los acontecimientos, hasta la interminable comparación de las variadas recetas para resolverlos.

Todo está a discusión, aunque nada se resuelva. Las ingentes carencias de justicia o las dramáticas carencias siguen y hasta se amplían en nuestro país mientras que, en otros, la acción pública y privada se combinan para ser efectiva. Aquí, en cambio, se enredan las perspectivas y se aleja la posibilidad constructiva. Está por verse si lo que tan obsesivamente se discute tiene que ver con la realidad nacional de lo que a diario vivimos o es simple reflejo fatuo o artificial a conveniencia armada por los políticos.

Y es que la discusión entre los políticos profesionales que a diario estamos presenciando en las redes y pantallas se centra en su capacidad polémica y la de captar los votos de un electorado que ha perdido fe en la sinceridad de los planteamientos. La esgrima fantasiosa que transmiten los indispensables medios no aterriza en efectos reales. 

Falta verdadera entrega patriótica y competencia en la mayoría de los personajes en escena. El campo está yermo. Los pocos que por su talento y experiencia pudieran servir se han apartado o están marginados. A veces sus propios compañeros de batallón los bloquean.

La discusión política se difiere a niveles de choques de interés partidario o a la vulgaridad individual. Desde ahora la batalla por ganar posiciones en la futura lid por la Presidencia se está difuminando. La discusión política se ha perdido y hay seria confusión de lo que se profesa.  

Lo más grave es que el elector típico de entre los 90 millones en el padrón nacional será llamado a votar por lemas o etiquetas que carecen de mensaje claro. Los jefes de partido se verán en la necesidad de desdibujar sus propuestas iniciales para sumar los votos que suponen controlan sus competidores.

Una estrategia común es el requisito para formar un gobierno de consenso que haga funcionar cualquier alianza.

El desarrollo democrático del país supone acuerdos entre propuestas opuestas en temas esenciales como los fiscales, salud y educación para darle capacidad al futuro gobierno de resolver problemas. Se trata de asuntos como el uso de presupuestos o el  apoyo a las inversiones que se requieren para impulsar la economía o dar empleo para resolver las desigualdades sociales. Se requiere plantear con concisión lo que se permita que el elector elija entre opciones.

Pero un gobierno sólo preocupado por mantener  en el poder a su partido oficial hace a un lado lo que importa y relega los temas a la cacofonía de discursos populares. Al fácil recurso de la verborrea matinal en que se disfrazan desaciertos y se esquiva la realidad.

La lid presidencial todavía a dos años de distancia está impidiendo la elaboración de propuestas sólidas. Es el momento de consolidar la visión de un gobierno consensuado que impida el que continúe el régimen personalista y anticonstitucional.

La problemática está en la suerte de México para llegar a tener su desarrollo independiente y conjurar un muy real peligro de alguna opción desastrosa extranjera.

Sólo definiendo los perfiles de nuestros problemas podemos encontrarles respuestas. La urgencia de hallar la forma de detener el avance hacia un régimen desastroso de personalismos desastrosos es aguda. La alianza que hay que optar debe ser entre fuerzas que creen en acciones conjuntas y consensuadas en lugar de las decisiones personales. Se supone que en primer lugar hay que creer que ello.

La suma de personas libres es la fórmula hacia una sociedad que reparte tareas y logros.  Necesario es detener la actual racha impetuosa y confusa de debate para que, llegado el momento, se ejerza 2024 un voto realista en lugar de otro iluso.

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