Los nuevos tiempos y el PAN (IV y último)
Los panistas no podemos equivocarnos esta vez. Debemos inclinarnos por un auténtico panista.
Tratemos por lo menos de engañarnos, como si el buen amor fuera la vida.
Mario Benedetti
Operación política es trato humano; sumar voluntades, convencer, generar solidaridad. En un partido esta es labor fundamental. Los grandes líderes cultivan la amabilidad, cualidad que la gente percibe.
Cuando uno pregunta sobre algún político, la respuesta no es sobre su ideología, sino en función de su calidad humana: es confiable, buena gente, benevolente, soberbio, engreído, etcétera.
La clase política mexicana solía ser hábil en esta materia. Ésa es una de las razones de nuestra prolongada estabilidad. Respecto al Partido Acción Nacional, ya lo he dicho, solamente se explica por los afectos que sembró su fundador en un nutrido grupo de profesionales talentosos y con profunda convicción democrática.
En San Luis Potosí, me platicaron una anécdota en torno al respeto de Gómez Morin a los militantes. Un panista le escribió una carta, la cual fue respondida en breve tiempo.
El panista le escribió de nuevo y don Manuel Gómez Morin, nuevamente, le respondió. Después de intercambiarse cuatro cartas, el panista le consultó a un correligionario cómo podía concluir la correspondencia: no deseaba prolongarla, pero tampoco que la última carta fuera la del dirigente.
De ese tamaño era el cuidado de don Manuel en sus relaciones personales. Me encanta el verbo corresponder; implica reciprocidad, preocuparse por el otro, concebir la amistad como una relación bilateral, contrario de lo unilateral (subordinación, no trato entre iguales).
El Partido Acción Nacional ha tenido buenos operadores políticos. Sin embargo, en su aproximación al poder se fue mermando esa cualidad. Se escuchan aún las opiniones de los viejos panistas al referirse a la capacidad para atender de los dirigentes de hace ya varios lustros.
John Carlin, autor de un recomendable libro (Factor humano) sobre la sencillez y cordialidad de Nelson Mandela y su gran hazaña en Sudáfrica, en un artículo reciente contrasta a ese gran líder con Donald Trump: “Mandela creía en apelar a lo bondadoso de cada persona. Incluso cuando se refería a gente tan siniestra como el Jefe de Inteligencia durante el Apartheid, buscaba lo más humano que pudiera haber en él.
Por el contrario, Trump siempre apela a lo peor de la gente, al miedo, la venganza, la codicia”.
En las próximas semanas, Acción Nacional elegirá a su presidente y a su secretario general. Muchos han levantado la mano.
Por desgracia, está faltando una reflexión ética que todo aspirante debe hacerse: ¿soy el idóneo?, ¿me aproximo al perfil de lo que nuestro partido requiere?, ¿tengo la capacidad para asumir esa responsabilidad? Si los varios candidatos hicieran ese ejercicio y fueran generosos con la institución, se reduciría el número de aspirantes.
En toda su accidentada y heroica historia, el Partido Acción Nacional nunca había confrontado un reto como el de hoy: ser una oposición responsable que contenga a un gobernante que cada vez da más señales de ser peor de lo que temíamos.
Los panistas no podemos equivocarnos esta vez. Debemos inclinarnos por un auténtico panista, leal, de convicción democrática, probado en diferentes tareas y, sobre todo, con sensibilidad para hacer un trabajo de reconciliación para que de nuevo se dé la camaradería castrense de la que hablaba Efraín González Luna.
No hay ningún sucedáneo al respeto que nos merecen los compañeros de partido. Pregonamos el humanismo político, cuyo primer principio es tratar al prójimo como nos gustaría ser tratado.
La regla de oro de las instituciones políticas es respetar la dignidad del individuo. Se dice fácil, pero no es tarea sencilla.
De ello depende que el Partido Acción Nacional cumpla su deber con México, con quienes lo crearon y con las próximas generaciones.
