AAPAUNAM
Un ejemplo de sindicalismo profesional y moderno es la Asociación Autónoma del Personal Académico de la UNAM (AAPAUNAM). Desde su origen, hace 30 años, es un sindicato que defiende los intereses de los más de 35 mil académicos que impartimos cátedra todos los días en nuestra alma mater. Su modelo de organización le permite dar una cobertura amplia y detallada en materia de prestaciones sociales, culturales, económicas y laborales a sus agremiados, procurando su tranquilidad, defendiéndolos ante diversas instancias administrativas, consejos técnicos y en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje.
Orgullosamente puma.
Pero antes de su existencia no fue así, pues, frecuentemente, se violaban derechos sin que existiera órgano alguno que los defendiera. En el pasado, los académicos se encontraban organizados en asociaciones, colegios, claustros, etc., ocupados sólo en asuntos culturales.
Fue en el año el 1975 que se inició su conformación, así, el 16 de noviembre de ese año, el Consejo Universitario aprobó la reforma al estatuto que los rige y norma, en las condiciones generales. La AAPAUNAM acreditó cinco mil 139 afiliados, con los que fue reconocida ser la titular del Contrato Colectivo de Trabajo.
De esta manera, los maestros de las diversas escuelas, facultades e institutos han evitado abusos de funcionarios y autoridades y decisiones arbitrarias. Antes no tenían representatividad ni fuerza ni órganos de defensa que atendieran los excesos o bien, las omisiones que provocaban, incluso, la pérdida de un empleo y sus derechos laborales.
Fue el 22 de noviembre de 1979 el parteaguas de la vida universitaria cuando se reconoció por las autoridades federales por conducto del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje que han sido defendidos administrativa, legal y económicamente logrando cada año mejoría en las prestaciones y en las condiciones generales del trabajo.
Esta asociación, dirigida por la química Bertha Rodríguez Sámano, celebró un año más de su existencia y formación. Con la presencia de nuestro rector, el Dr. Enrique Graue Wiechers, su equipo de trabajo y más de mil catedráticos e investigadores y directivos de los colegios, escuelas, facultades e institutos, donde se destacó a 30 académicos que por sus méritos fueron distinguidos con un merecido reconocimiento.
Este gremio ha trascendido a la vida nacional y es ejemplo a nivel internacional debido al respeto y dignidad con la que defiende a sus asociados, incorporando mediante la autocrítica, la diversidad ideológica que caracteriza a todos los universitarios, enriqueciendo los programas educativos y de capacitación que impulsa.
Las comparaciones siempre son odiosas, pero necesarias, la Universidad Nacional Autónoma de México lidera el ranking de las mejores universidades latinoamericanas en 48 áreas de estudio, según la empresa mundial líder en el análisis de educación QS Quacquarelli Symonds, 12 de nuestros departamentos o carreras están dentro del top 50 del mundo, por encima de las universidades de Sao Paulo, Brasil; La Católica, de Chile, y la de Buenos Aires, Argentina.
La Universidad de Harvard domina las tablas, ocupando el primer lugar en 14 áreas. El Instituto Tecnológico de Massachusetts ocupa el primer puesto en 12 áreas. La Universidad de Oxford, Inglaterra, logró ese sitio en cuatro áreas, mientras que otras del Reino Unido lograron 10 primeros lugares.
El rector Graue destacó en su discurso estos avances académicos, señalando que se han logrado gracias al esfuerzo y dedicación de sus docentes, y mencionando el cúmulo de adversidades que vive a diario nuestra máxima casa de estudios de la Nación.
Cierto, la autonomía tan apreciada que tenemos y que nos permite con libertad dar cátedra y compartir conocimiento con nuestros alumnos, muchos quisieran cercenarla o achicar su presupuesto o privatizarla.
Mención aparte es el agobio de la inseguridad que a diario se incrementa, resultado del descuido de las autoridades de la CDMX, o las drogas que como maldición envenenan a muchos de nuestros jóvenes al convertirlos en esclavos de la adicción.
La delincuencia y la pobreza sólo se combaten con la educación, y ésta es la vacuna contra la violencia. ¿O no, estimado lector?
