Partido hegemónico

Hace unas semanas se estrenó en televisión la miniserie PRI: Crónica del fin, un documental escrito y dirigido por Denise Maerker sobre el auge y caída del partido cuya hegemonía definió al régimen autoritario que vivimos en México durante la mayor parte del siglo ...

Hace unas semanas se estrenó en televisión la miniserie PRI: Crónica del fin, un documental escrito y dirigido por Denise Maerker sobre el auge y caída del partido cuya hegemonía definió al régimen autoritario que vivimos en México durante la mayor parte del siglo XX. El documental combina poderosas imágenes de archivo con testimonios de actores clave de las últimas décadas, así como opiniones de académicos y analistas. Cada uno de los capítulos de la serie se dedica a momentos clave de los cinco últimos sexenios gobernados por presidentes del PRI: José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y, por último, Enrique Peña Nieto.

Este documental será de gran interés para jóvenes y no tan jóvenes, tanto para quienes han seguido la política nacional en décadas recientes como para quienes se pregunten cuán profunda es la regresión que estamos viviendo de un tiempo a esta parte.

En mi caso particular, los episodios que cubren de 1994 a años recientes me resultaron demasiado familiares, un saludable ejercicio de memoria, mientras que los episodios de 1976 a 1991 contienen varios acontecimientos que desconocía: cuando estalló el levantamiento zapatista yo estaba a la mitad de la licenciatura en economía y daba clases en preparatoria.

En 1976, López Portillo fue el único candidato registrado para la Presidencia: según las cifras oficiales, consiguió 93.5% de votos y hubo 6.5% de votos nulos. El máximo histórico de voto nulo sólo sería superado por el voto nulo de la reciente elección judicial de 2025. El déficit de legitimidad con que llegó al poder López Portillo dio pie a una reforma constitucional que permitiría la representación proporcional en el Congreso.

Tras los numerosos escándalos de corrupción de la abundancia petrolera, Miguel de la Madrid prometió una “renovación moral” sin precedentes durante su campaña. De hecho, al iniciar su mandato presentó una iniciativa de reforma constitucional para combatir la corrupción: “nuestro pueblo exige con urgencia una renovación moral de la sociedad que ataque de raíz los daños de la corrupción en el bienestar”. ¿Les suena familiar?

Hasta 1988, ningún presidente del PRI había conseguido tan pocos votos como Carlos Salinas para llegar al poder: apenas 50.3% del total, según cifras oficiales sumamente dudosas y cuestionables. Ese año, el PRI solo tuvo 262 diputaciones, la coalición del Frente Democrático Nacional 138 y el PAN 100: era el Congreso más fragmentado en la historia. De aquella fractura del priismo nació el PRD, hoy extinto pero que dio pie a Morena.

El déficit democrático con que llegó al poder fue el preludio de reformas electorales con las que nacería el Instituto Federal Electoral. Se volvió indispensable que la credencial para votar tuviera fotografía. Hoy quizá parece poca cosa, no lo era. Según el documental, Salinas desconfiaba de un aparato partidista que subrepticiamente había apoyado a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Para recuperar votos y control político, implementó un “programa nacional de solidaridad” que le permitía entregar apoyos económicos directamente a la población. ¿Les suena?

Durante su mandato, Salinas impulsó a dos cuadros como precandidatos presidenciales: Donaldo Colosio, senador, presidente del PRI y secretario de desarrollo social y Manuel Camacho Solís, jefe de Gobierno de la capital. Al final se decantó por Colosio, pero fue asesinado en marzo de 1994. Quizá sin quererlo ni buscarlo demasiado, Ernesto Zedillo se volvería presidente.

Al inicio de su mandato, Zedillo reconoció que su elección había sido “legal pero no legítima” y convocó a un proceso de negociación para buscar una “reforma electoral definitiva”. Desde aquella reforma proviene la estructura básica del IFE (ahora conocido como INE), el financiamiento público a partidos y el tope de sobrerrepresentación de 8 puntos porcentuales entre votación y curules en la Cámara.

A pesar de tantas reformas, hoy tenemos la mayor sobrerrepresentación legislativa del partido en el gobierno. ¿Con qué reforma electoral querrá pasar a la historia la presidenta Claudia Sheinbaum?

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