Brecha de crecimiento

Tras dos trimestres consecutivos con tasas de crecimiento económico cercanas a cero, será difícil alcanzar los objetivos anunciados en el paquete económico de 2019 y el mismo PND.

El 30 de abril pasado, el Inegi dio a conocer su estimación oportuna del Producto Interno Bruto en México para el primer trimestre de 2019. En su serie original, la tasa de crecimiento anualizada –es decir, la que compara el primer trimestre de 2019 con el mismo trimestre de 2018— fue de 1.3 por ciento.

Sin embargo, en la serie desestacionalizada —aquella que considera los efectos variables del calendario— la tasa anualizada de crecimiento fue de tan solo 0.2%. Por su parte, la variación respecto al trimestre anterior fue de -0.2%. El sector con menor crecimiento fue el de las llamadas actividades secundarias —tales como construcción, energía eléctrica, minería e industrias manufactureras, etc.—, el cual tuvo una caída anualizada de 2.1 por ciento.

Si bien es cierto que el primer año de cada sexenio suele tener tasas de crecimiento relativamente bajas —el PIB creció 2.3% en 2007 y un magro 1.3% en 2013, respectivamente—, las cifras anteriores son realmente preocupantes.

Tras dos trimestres consecutivos con tasas de crecimiento económico cercanas a cero, será sumamente difícil alcanzar los objetivos de crecimiento anunciados por el gobierno en el paquete económico de 2019 y el mismo Plan Nacional de Desarrollo recién anunciado. De hecho, muy pocos analistas y expertos esperan que este año nuestro país logre una tasa de crecimiento anual de 2% —tales como las observadas en los últimos dos años—.

Vale la pena enfatizar que las tasas de crecimiento económico de la última década, parte de la llevada y traída gran noche neoliberal, han sido mediocres. Por ende, resulta preocupante que la economía prosiga por un sendero similar tras la llegada de un gobierno que ha prometido cambio y transformación.

Según los estudiosos del crecimiento económico, es de esperarse que las economías grandes crezcan a tasas menores que las economías de menor tamaño. Esto se debe a que, en general, los factores detrás del crecimiento económico de los países suelen tener rendimientos marginales decrecientes. Los países relativamente ricos suelen crecer lentamente, mientras que algunos —por desgracia sólo algunos— de los países relativamente pobres suelen crecer más rápido. En el muy largo plazo, este proceso de convergencia puede cerrar las brechas socioeconómicas entre países ricos y pobres.

México y Estados Unidos no son la excepción a este patrón observado alrededor del mundo. Suele decirse que el crecimiento económico de México está inexorablemente vinculado al de Estados Unidos. Por desgracia, esto ha cambiado en años recientes. Según las cifras al primer trimestre de 2019, indican que la economía de aquel país está creciendo a una tasa anualizada de 3.2% frente al 1.3% de México. Y si comparamos aquella tasa con el 0.2% de la serie desestacionalizada nacional, el contraste es mucho más grave.

De hecho, en los dos últimos años, la economía de Estados Unidos creció a tasas mayores que la mexicana: 2.2 vs. 2.07 en 2017, y 2.9 vs. 2% en 2018. En 2016, el PIB de Estados Unidos creció en 1.6% y el de México en 2.9%. 

¿A qué se debe que la economía estadunidense esté creciendo más rápido que la mexicana? Esta pregunta puede dividirse a su vez en tres: ¿Qué está haciendo el gobierno de Donald Trump para que su país crezca más rápido que durante los años de Obama? ¿Qué se ha hecho en México para promover el crecimiento económico antes y ahora? ¿Qué está pasando entre ambas economías que el crecimiento de aquella no está induciendo crecimiento en la nuestra?

Una parte de la respuesta quizá tenga que ver con la incertidumbre que ha sembrado el presidente Trump desde su llegada al poder en torno al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y sus reiteradas amenazas proteccionistas. Otra parte de la respuesta tiene que ver con lo que se hizo o no se hizo durante los últimos años del sexenio pasado. Y otra parte tiene que ver con lo que se ha hecho y lo que no se ha hecho desde que el nuevo gobierno asumió el poder. Si el nuevo gobierno ignora la importancia de la brecha de crecimiento entre ambos países, las desigualdades entre ambos sólo aumentarán. No bastan los buenos deseos.

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