Con la memoria de Porfirio hemos topado

Muñoz Ledo recordó que ni podemos desentendernos de lo que hemos sido ni borrar la historia: advirtió que un amparo podría parar la intención de violentar el derecho de tránsito de los migrantes

Vamos a romper los moldes de la política porque esto es un cambio de régimen, adelantó hace 11 meses López Obrador.

Y son varias las transformaciones acumuladas: desde el abandono a la sede de Los Pinos y los viajes al extranjero, hasta la liquidación de programas que se consideraban de Estado, pasando por el rechazo al contrapeso de los organismos autónomos, llámese CNDH, CRE, Inai, INE e INEE.

Pero el cambio que el Presidente protagoniza es el de dar por bueno lo que antes se consideró nocivo: desde el uso de elementos militares para contener la migración en la frontera sur hasta el abierto apoyo a Estados Unidos para regularla. 

La fuerza de la narrativa gubernamental ha logrado convencer a millones de que de nada sirvieron las reformas educativa y energética del sexenio anterior y de que aún no es el momento para que los soldados y marinos regresen a sus cuarteles.

La hegemonía del discurso oficial no tiene antecedentes en el México moderno.

A los altos niveles de credibilidad de la palabra presidencial se suma el peso parlamentario de Morena y de sus aliados en el Congreso.

Así que, excepto la revocación de mandato que sigue sin alcanzar la mayoría calificada, el resto de los cambios constitucionales ha contado con el aval del Poder Legislativo: contra reforma en educación, las designaciones del fiscal Alejandro Gertz y la ministra Yasmín Esquivel y  la Guardia Nacional.

Todo parecía miel sobre hojuelas para la retórica de la 4T, hasta hace una semana, cuando el presidente de la Cámara de Diputados, el morenista Porfirio Muñoz Ledo, asumió la voz disidente frente al compromiso pactado, con el visto bueno de López Obrador, por el canciller Marcelo Ebrard en Washington.

Las críticas de quien fuera representante de México ante la ONU a las implicaciones del acuerdo entre el gobierno mexicano y Donald Trump en la contención de migrantes centroamericanos fueron subiendo de tono en la semana, hasta  convertirse ayer en la nota disonante de la comparecencia de Ebrard y la secretaria de Economía, Graciela Márquez, en la Comisión Permanente del Congreso, al advertirles que un amparo podría parar la intención de  violentar el derecho de tránsito de los migrantes.

Abierto opositor desde el miércoles al despliegue de la Guardia Nacional en Chiapas, Muñoz Ledo recordó la singularidad de nuestra historia diplomática al apegarse, siempre, dijo, a las leyes y los principios, los que ahora estarían en riesgo, según su análisis.

Independientemente del tono que tomen en lo sucesivo los cuestionamientos del decano parlamentario, sus reflexiones han marcado un antes y un después en la exitosa narrativa presidencial.

Si bien, antes, Germán Martínez contradijo el discurso de la 4T al renunciar a la dirección del IMSS y advertir de la distancia entre el decretado fin del neoliberalismo y sus crueles reflejos en la desatención de la salud, el mérito adicional del presidente de San Lázaro es que ha ventilado sus diferencias de cara al gobernante y en el escenario del contrapeso legislativo.

“Algún diplomático histórico dijo: ninguna política más práctica que la mexicana, siempre están friega y friega con sus leyes y sus trancazos”, contó Muñoz Ledo este viernes en el Senado.

Afuera del recinto, en una imagen ilustrativa de cómo los moldes de la política también pueden romperse para involucionar y crear desorden, la segregada del pacto con Trump, la secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, declaraba sobre la renuncia del hasta ayer titular del Instituto Nacional de Migración, Tonatiuh Guillén, y minimizaba el hecho de que ahora Ebrard lleve ese tema, argumentando que nunca ha sido celosa.

Adentro, Muñoz Ledo advertía sobre el riesgo de que el canciller opere como una especie de jefe de gabinete en un país presidencialista.

“Creo que no conviene, señor secretario, que usted asuma todas las funciones, porque perdemos margen de maniobra y porque, además del abuso de funciones, que no es el caso, hace nulas las decisiones y, además, que no lo hinchen tanto porque me lo van a reventar”, alertó el diputado.

El valor del disenso del lúcido e inigualable tribuno, al margen de que mañana pueda suavizar sus palabras, es que ha traído al escenario de la relación con EU la vigencia de la memoria.

Protagonista del PRI, del PRD, del foxismo y ahora de la 4T, Muñoz Ledo ha colocado en el debate nacional la moción de que ni podemos desentendernos de lo que hemos sido ni borrar la historia.

Porque la memoria pesa y pesará todavía más si el prometido cambio de régimen se queda sólo en el sacudimiento de las formas.

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