Y tú, ¿defenderías a Medea?

Hay una forma de venganza casi ya estructurada que surge en muchas parejas que se separan... Llamaremos Medea a aquella persona que busca castigar a la expareja con sus hijos, sin importar las consecuencias para ellos. Estas personas se aprovechan de las leyes que protegen a las mujeres —que la mayoría de las veces sí lo necesitan— para configurar un universo ventajoso y narcisista

La palabra venganza proviene del latín vindicare/vindicar; es decir, el atribuirse el pago por una ofensa o daño. Difiere de castigo, ya que busca lastimar al otro mientras que el castigo busca corregir una acción. Para el psiquiatra y psicoanalista Ramon Andreu: “La venganza es tóxica porque está hecha de odio, de rencor. Lo que las personas ignoran es que quien está dominado por la venganza o la hostilidad está inmerso en un proceso autodestructivo que él mismo ignora. Y precisamente porque lo desconoce, no lo controla” (en entrevista al periódico español La Vanguardia).

Hay una forma de venganza casi ya estructurada que surge en muchas parejas que se separan y que buscan dañar a su expartenaire por medio de los hijos. Llamaremos Medea a aquella persona que busca castigar a la expareja con sus propios hijos, sin importar las consecuencias para ellos. Estas personas se aprovechan perversamente de las leyes que protegen a las mujeres —que la mayoría de las veces sí lo necesitan— para configurar un universo ventajoso y narcisista. Buscan, a través de la venganza, calmar su cólera, pero ésta parece insaciable y no se detendrá ni siquiera ante el dolor, la fragmentación o la destrucción de sus propios hijos. Si esto incluye exponerlos en redes —a la mirada de otros— para potenciar su fuerza, pues que se haga. Cuando esta exposición crece en las redes, como también sucede en otros movimientos de cancelación, éstos se incendian debido a que las venganzas individuales se vuelcan en las tragedias de otros.

Pero ¿quién es Medea? En la tragedia de Eurípides es la hija de un rey y una ninfa. Medea se enamora de Jasón y en su pasión es capaz de cometer varios crímenes para ayudarle a conseguir el vellocino de oro y, posteriormente, salvarlo, entre sus actos destacan la traición a su padre y matar a su hermano. Después, Medea y Jasón tienen dos hijos y viven felices un par de años, hasta que Jasón decide dejarla para casarse con Glauca, la hija del rey Creonte. Medea, herida de celos, decide matar a su rival el día de su boda, mata a todos los invitados, menos a Jasón. Pero esto no es suficiente y decide matar a sus propios hijos para vengarse del que fue su esposo.

Las palabras de Medea son escalofriantes: “Hijos malditos de una madre odiosa, ojalá perezcan con su padre. Y que el palacio entero se desplome”. Pascal Quignard, en El sexo y el espanto, plantea que Medea “describe la desintegración del vínculo civilizado a partir de la pasión. El amor se convierte en odio, el deseo violento por un amante se transforma en ferocidad asesina contra la familia”. A Medea hay que tenerle miedo, lo dice la nodriza: “Siente horror por sus hijos, ya no disfruta viéndolos y temo que esté tramando algo funesto. Tiene un temperamento muy violento y no soportará ser maltratada. Yo la conozco y tiemblo: es terrible”. Bien dicen Antolínez, D. y Cardozo, N. que “resuenan las palabras de Freud (1915a) cuando enuncia que el odio no es el contrario del amor, sino un complemento a éste en la labor de darle continuidad al vínculo” (El mito de Medea - una mirada psicoanalítica de lo abyecto).

¿La traición justifica la venganza? ¿El dolor justifica cualquier venganza? Se puede entender la frustración de Medea efecto del dolor de la traición. ¿Se puede entender el crimen de Medea? Convengamos que Jasón no sería un héroe en los tiempos modernos, cuando mucho figuraría en listas de influencers que reciben dádivas de promotores; alguien con talento para liderar grupos de hombres dispuestos a luchar, pero no conoce la gratitud ni la lealtad hacia quien lo llevó al éxito. Los dioses griegos parecen tener fallos en su reclutamiento… Pero la obnubilación y el odio de Medea son escalofriantes:

El Corifeo: Pero, mujer, ¿te atreverás a matar a tus hijos?.

Medea: Sí. De ese modo atormentaré más a mi esposo.

“La mente obnubilada tiene las ventanas cerradas”, escribió Cicerón. Y la obnubilación no tiene género. Si bien la agresión física de las mujeres puede no ser tan destructiva como la del hombre, esto no quiere decir que las mujeres no tengan una capacidad destructiva. La mujer que no puede ser mala es una idealización promovida por el patriarcado. Si no cuidamos la ley y la justicia, el mundo promoverá la existencia de Medeas.

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