Ofuscar o gaslighting

Imagina estar viviendo una tragedia en tus libertades, que el Estado tiene la obligación de garantizar, y que desde el poder se dice que eso no es tan así, que son exageraciones. Eso puede llevar a la más profunda desesperación. Eso podría ser una forma de gaslighting.

Una de las consecuencias de la posverdad que se vive en los tiempos actuales es el ofuscamiento del pensamiento. Ofuscar, para la RAE, consiste en oscurecer o hacer sombra, pero también trastornar, confundir las ideas e incluso considera la posibilidad de alucinar. Es decir, la posverdad no sólo puede llevar a errar en las ideas, sino que también puede llevar a dudar del propio juicio.

Por otro lado, el término gaslighting (luz de gas o luz de lámpara de gas) se utiliza para describir una forma de abuso en la que un sujeto intenta que una persona dude de su razón o juicio mediante una prolongada labor de descrédito de sus percepciones y recuerdos. El nombre es rarísimo para describir un abuso y no tiene sentido si se desconoce su origen. En 1938 se estrenó una obra de teatro de Patrick Hamilton titulada Gaslight, la cual llegó al cine en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. En 1944 se filmó su versión más conocida protagonizada por Ingrid Bergman. La historia versa en que el protagonista logra aislar y desestabilizar mentalmente a su esposa escondiéndole objetos de su hogar para hacerle creer que ella fue quien los movió de sitio; paralelamente, ella escucha sonidos y fluctuaciones de una lámpara de gas, que él niega e insiste en que son producto de su mente, sugiriendo que son alucinaciones auditivas y visuales. En esta historia de abuso, todo este intento para hacerla desvariar es para que, de ser necesario, nadie dé crédito a los movimientos clandestinos que él realiza en la casa. Gaslighting o enloquecer para esconder. Hay que destacar que la obra teatral se desarrolla en la época victoriana, cuando se usaban lámparas de gas, de ahí el título: Gaslight, que ha derivado en el término gaslighting.

Imagina estar en tu casa en un día cualquiera en un barrio de Culiacán. Recibes un WhatsApp que te previene no salir porque sucederá una balacera cerca del hospital o de un lugar que está ubicado a unos 200 metros de donde se hace la compra del súper, o quizás a un kilómetro de donde se carga gasolina. Ese día decides no salir de casa y te van llegando fotos de tráileres incendiados cerca de un puente que conoces bien. Desde casa se escuchan balaceras y explosiones. Al día siguiente la historia se repite. Nadie se atreve a salir de casa. La comida se está acabando y temes salir; los supermercados no se han podido resurtir. Esto se mantiene por más de 10 días. No hay policía ni Ejército, tampoco hay ley. Imagine que exista alguien que esté dispuesto a generar tal caos y que insista en decir que eso que escucha, percibe y recibe no está pasando.

En la conferencia matutina del 12 de septiembre, López Obrador dijo: “Está el Ejército, en coordinación con la Marina, la Guardia Nacional, la Policía estatal, están pendientes. Decirle a la gente de Culiacán, de Sinaloa, que estamos con presencia suficiente para garantizar la paz, la tranquilidad”. Y añadió: “Que no haya ‘alarmismo’ ni ‘sensacionalismo’ sobre dicha violencia en Culiacán, ya que los medios ‘conservadores’ magnifican todo”.

Imagina, pues, estar viviendo una tragedia en tus libertades, que el Estado tiene la obligación de garantizar, y que desde el poder se dice que eso no es tan así, que son exageraciones. Eso puede llevar a la más profunda desesperación. Eso podría ser una forma de gaslighting y es enloquecedor, hace dudar al yo de sus percepciones, por lo tanto, hace dudar del propio yo. La prueba de realidad es un proceso postulado por Freud que permite al sujeto distinguir los estímulos procedentes del mundo exterior de los estímulos internos; además, de prevenir la posible confusión entre lo que el sujeto percibe y lo que meramente se representa, confusión que se hallaría en el origen de la alucinación (Laplanche y Pontalis). En el principio de la vida, el bebé no tiene suficiente capacidad para distinguir entre la información de una idea que se piensa y la información de una que se percibe, y la mente y su evolución dependen de ello.

Lo que está sucediendo es que al negar de manera tan burda la realidad (gaslighting) se está enajenando a la persona (ofuscando) y, por lo tanto, se impide realizar la acción lógica que su percepción le pide, de esta manera se disminuye la voluntad, creando la sensación de estar en el limbo. No hay hacia dónde moverse, una gran parálisis. Un México ofuscado porque recibe un constante gaslighting.

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