El amor en tiempos de la pareja ideal
Para poder hacer una buena pareja —porque una pareja se hace—, lo primero es perder los ideales, no pensar que se está traicionando a sí mismo porque no se sostiene de lo que pensaba que debería haber sido su pareja
El amor no es algo natural. Requiere disciplina, concentración, paciencia, confianza y vencer el narcisismo.
Erich Fromm
La idea de completarse a partir de la presencia de otra persona es una idea que Freud identifica en Introducción al narcisismo (1914), y se refiere al amor a lo que uno quisiera ser. Es decir, las personas aman a alguien que encarna lo que se desea llegar a ser, una persona segura de sí misma, exitosa o poderosa. Debido al refuerzo —vía la imagen en películas, series, redes sociales, etcétera—, ha aumentado la presencia de esta pareja ideal en la mente de las personas. ¡Ojo!, esta presencia es proporcional a lo que la gente quiere ver. Anhela creer que eso existe. Así, la pareja ideal es esa persona que imaginamos perfecta, ésa que nos complementará la vida y, por lo tanto, nos ayudará a llegar a la plenitud. Esta fantasía se convierte en un fantasma que arrastra cadenas y obstaculiza la posibilidad de hacerse de una linda compañía para caminar en la vida.
Para poder hacer una buena pareja —porque una pareja se hace—, lo primero es perder los ideales, no pensar que se está traicionando a sí mismo porque no se sostiene de lo que pensaba que debería haber sido su pareja.
Es muy probable que cada uno de nosotros haya tenido esta conversación consigo mismo. El recordatorio tiene sentido, porque la mente está acostumbrada a pensar lo que quiere, lo que a la emoción le hace sentido. En el amor hay una base importante de sentirse cuidado y acompañado, y también de cuidar y de acompañar; de esta manera, la necesidad de depositar en algún lugar esta emoción nubla el pensamiento. Poder detenerse a cuestionar sobre qué se está emocionando, decidiendo y firmando un futuro permite situarse mejor en el mundo.
En la actualidad se escucha mucho: “Yo ya sé lo que quiero y no voy a estar aguantando…”. Lo que no se sabe es que ese “yo ya sé lo que quiero” es que, a pesar de parecer un trabajo reflexivo, es una trampa. Porque en la pareja no se trata de lo que cada uno quiere, sino de lo que se construye entre dos. Dos personas que entran a una pareja no siguen como son, se van amoldando suavemente como si fueran piedras limadas por el agua de un río, sin que esto los haga perder su identidad. La posición de “yo ya sé” muestra cómo se entiende el concepto de vínculo, como si se tratara de una transacción o una mercancía que se adquiere y que se puede devolver si no cumple con expectativas. Éste es el principal obstáculo para que pueda crearse una relación, como si sólo se pudiera desenvolver porque son dos que se reúnen y entre ellos pueden generar algo nuevo.
En 2007, José Luis Valdez Medina, Norma González-Arratia, José Arce Valdez y María del Carmen López —académicos de la Universidad Autónoma del Estado de México— publicaron el artículo “La elección real e ideal de pareja: un estudio con parejas establecidas”, en el que compartían los hallazgos de un estudio que buscaba entender qué tan importante seguía siendo el ideal en las parejas, así como qué tanto volverían a considerar esas características como las más importantes. A partir de entrevistar a 100 parejas, concluyeron que: “Al comparar la elección real con la ideal por sexo, de forma general se encontró que ambos sexos tenderían a elegir a una persona diferente, pero con características muy similares a su pareja actual”. Es decir, las personas no volverían en general a elegirse; sin embargo, aspirarían a las mismas características. Lo que podemos inferir es que, en general, los entrevistados se estacionaron en el ideal, querrían lo mismo, pero en una persona diferente. No abandonaron el ideal, y esto es muy doloroso, porque mirarán a través de un velo de lo que su pareja debería ser y medirán la realidad contra una fantasía inexistente.
Otro resultado para profundizar es el cruce por género, “los hombres en contraste con las mujeres buscarían no repetir el modelo de pareja, ya que la elegirían con menos características de parecido con su pareja actual. Aparentemente las mujeres se muestran más satisfechas con la elección que hicieron de su pareja real”. Quizás es precipitado, pero pareciera, entonces, que las mujeres pueden lidiar mejor entre lo ideal y lo real, mientras que los hombres el modelo de pareja, incluso, lo harían diferente.
¿Qué hacer para dejar de idealizar? Quizá sea necesario borrar la premisa del amor como complemento de la propia vida y empezar a elegir con quién se está dispuesto a compartir Las pequeñas miserias de la vida conyugal —como el libro de Balzac— para que entonces sí, a partir de ver todo lo que no se cumple, aprendamos a pensar en lo que sí hay, en lo que se hizo diferente, en lo que no se había pensado en un inicio y ya es parte del vínculo. Dejar de perseguir el ideal, sino regar día a día las pequeñas flores que sí existen y que, aun siendo frágiles, adornan el camino.
