No a la xenofobia
Por supuesto, la impresentable Kristi Noem exhortó a los mexicanos que viven en Estados Unidos a “autodeportarse” para que participen en las protestas de la Ciudad de México, lo que de nuevo exhibe el talante neonazi de la funcionaria. Múltiples voces se han levantado para condenar los hechos de violencia y las expresiones xenofóbicas...
El área de la Ciudad de México donde están las colonias Roma, Condesa e Hipódromo representa un gran atractivo para nativos y fuereños. La zona está dotada de grandes áreas verdes, una atractiva arquitectura en varios puntos, abundancia de restaurantes y, hoy por hoy, un encarecimiento que parece incontenible de los alquileres y la venta de inmuebles.
Un lugar así atrae de manera explicable a los jóvenes, tanto mexicanos como extranjeros, lo que ha dado a esa parte de la capital un aire cosmopolita, sobre todo a partir de la pandemia, cuando se hizo común el trabajo a distancia, mismo que, gracias a internet, puede realizarse en la misma ciudad o en cualquier parte del mundo.
Lo anterior explica la llegada masiva de extranjeros, sobre todo estadunidenses, aunque también canadienses, europeos, japoneses, chinos y personas de otras nacionalidades. No menos importante ha sido que desde tiempos de Marcelo Ebrard la capital sea lo que en inglés llaman gay friendly, esto es, amigable con la comunidad LGBTQ+, a la que reconoce derechos como el matrimonio.
En fin, el hecho es que ese arribo masivo aumentó la demanda de habitación, tanto permanente como por mes, semana o día, y ya se sabe que, a mayor demanda, más alto es el precio, de modo que quienes no pueden pagar un cierto alquiler tienen que emigrar en busca de un techo más barato. Eso se llama “gentrificación”, término usado ya por media humanidad.
Habitantes de las colonias antes mencionadas decidieron salir a la calle para manifestar su inconformidad con ese fenómeno, lo que congregó algunos cientos de personas a las que se añadieron unos delincuentes con la cara cubierta y vestidos de negro, quienes se dedicaron a gritar consignas antiyanquis y antisemitas, y a expresar su xenofobia con carteles, algunos ingeniosos, aunque la mayoría estúpidos y, lo peor, desplegaron una violencia que causó destrozos en 56 establecimientos comerciales, originó saqueos, lesionó a no pocas personas, dañó monumentos, domicilios privados y autos.
Todo se desarrolló con permiso de las autoridades, que sencillamente nada hicieron para evitar el desorden. En los días siguientes, las autoridades han lamentado lo ocurrido, pero no es la primera ocasión en que aparecen los encapuchados que dañan bienes privados y públicos, y agreden incluso a policías sin que sean molestados, lo que permite suponer que tienen como función dar un carácter delictivo a las manifestaciones y aportar pretextos para que sean prohibidas, sobre todo ahora que se trata de inhibir la crítica y el pensamiento libre.
Por supuesto, la impresentable Kristi Noem exhortó a los mexicanos que viven en Estados Unidos a “autodeportarse” para que participen en las protestas de la Ciudad de México, lo que de nuevo exhibe el talante neonazi de la funcionaria.
Múltiples voces se han levantado para condenar los hechos de violencia y las expresiones xenofóbicas, pues no olvidemos que todos somos migrantes o herederos de migrantes, desde los primeros habitantes del continente americano hasta los que hoy estamos en esta tierra. En Estados Unidos habitan de 12 a 15 millones de nacidos en México y unos 25 millones de sus hijos y nietos. Nuestra crítica no debe ir contra todo nacido en Estados Unidos, sino contra la política belicista de su gobierno, que parece empeñado en llevar a la humanidad a su desaparición.
Es o debe ser orgullo de todo mexicano la política de puertas abiertas que ha mantenido nuestro país, sobre todo cuando otros cerraban el paso a los perseguidos por su raza o sus ideas. Son muy numerosos los extranjeros que han venido a rehacer su vida, a trabajar duro, a entregarnos sus conocimientos y a crear fuentes de trabajo. Y hoy, especialmente, resulta absurdo que renunciemos a brindar hospitalidad.
Hasta donde recordamos, fue Martí Batres, en los meses que estuvo como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, quien propuso algunas ideas para evitar los aspectos lesivos de la gentrificación. En esa línea hay que seguir avanzando para evitar el desplazamiento de seres humanos, pero hay que hacerlo sin incurrir en racismo ni en discriminación.
La movilidad de los seres humanos continuará y hay que verla como un fenómeno positivo. La patria de todos es el mundo. Y aquí seguiremos. Ojalá.
