Un vals en el cuarto de guerra

El famoso lema de “primero los pobres” va en serio, acaso por ello López Obrador haya mencionado aquello de que el coronavirus “nos cayó como anillo al dedo”

Por lo que se ve, la pandemia del coronavirus tiene en vilo cualquier proyecto de nación. México, por ejemplo, padece sus costos por un sistema de alud débil que hace lo que puede, en tanto, el gobierno federal apunta a una anunciada “nueva normalidad” que permita lo más pronto posible continuar con las obras del Tren Maya y de la refinería Dos Bocas, en Tabasco.

El covid-19 agarró a todo mundo con los dedos de la mano en el marco de una puerta a punto de cerrarse, por lo que la 4T está ansiosa por recuperar su capital político, ciertamente avasallado por esta crisis sanitaria.

En ese sentido, lo que el ciudadano de a pie advierte como pésimas noticias puede ser música en el cuarto de guerra de la administración federal. Pongamos como ejemplo el documento La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV- 2 (covid-19) en México, dado a conocer el lunes por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval ).

De acuerdo con mi compañero Paulo Cantillo, “más de 10 millones de mexicanos se sumarán a la pobreza extrema este año debido a la afectación económica derivada de la pandemia de covid-19, por lo que no podrán adquirir la canasta básica alimentaria” (Excélsior, 12-05-2020). Según el citado trabajo del Coneval, continúa Cantillo, “la población en pobreza extrema por ingresos en el país pasaría de 21 a 31.7 millones de personas entre 2018 y 2020, con lo que se regresaría a los niveles de hace dos décadas”.

Así las cosas, se perderán empleos y los pobres en zonas urbanas pagarán esos platos rotos. En síntesis, se trata del peor escenario social, calculado en el marco de un combate que no parece tener fin contra un enemigo invisible del que se sabe realmente muy poco.

El gobierno federal, señala el Coneval, otorgará apoyos a los sectores de la población que “serán los más afectados por la pandemia” (pobres, trabajadores informales, desempleados, etcétera), pero que “podrían ser insuficientes para llegar a toda la población que se verá afectada”.

Sobre todo por sus dichos, varias veces a la semana da la impresión de que Andrés Manuel López Obrador es el peor enemigo de sí mismo, lo que provoca inmediatas reacciones de sus opositores. Es natural. El hombre que ganó la elección presidencial con más de 30 millones de sufragios, más del 50 por ciento del total de los votos emitidos en julio de 2018, no mide sus palabras cuando ha puesto en duda la ética y el desempeño de médicos, arquitectos, ingenieros y economistas, entre otros profesionales que contribuyen al desarrollo del país.

Sin embargo, el Presidente y su círculo cercano tienen muy claro que los programas sociales de esta administración van dirigidos a los sectores clave que le confiaron su voto, todos aquellos a los que ofrece becas y que asimismo destinará una suerte de gasto corriente, sin intermediarios, con todos los reparos que pueda tener esa situación, por lo que podrían tomar el citado documento del Coneval como una “nueva guía” para, en corto, atender a esos 10 millones “que se sumarán a la pobreza extrema”, es decir, votos para la causa de la 4T. El famoso lema de “primero los pobres” va en serio, acaso por ello López Obrador haya mencionado aquello de que el coronavirus “nos cayó como anillo al dedo”.

Si vamos más allá, con todos los focos sobre lo que ocurre minuto a minuto con el covid-19, el margen de maniobra para reencarrilar dentro de la “nueva normalidad” los pendientes de la 4T dio cierto “respiro” a sus protagonistas que se asoman en la primera línea y a los que operan entre las sombras. Si el coronavirus arrojará más pobres, la 4T se ajusta a lo que no puede cambiar al tiempo que mantiene su deseo de conservar el poder.

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