Tesis
Tesis, tesina, informes de experiencia profesional, ensayos, artículos, conferencias… mencione usted el trabajo que guste: todo escrito susceptible a exponerse de manera oral o escrita debe señalar de manera clara y precisa los créditos correspondientes.
Lo primero que nos decían nuestros profesores de la UNAM es que hay que citar correctamente las fuentes bibliohemerográficas. Lo segundo, por obligación, es entrecomillar. Lo tercero, básicamente lo mismo que las dos anteriores. Pobre de aquel estudiante que “olvidara” e hiciera suyos algunos fragmentos o párrafos enteros de algún texto a presentar como requisito de evaluaciones parciales o finales. Tesis, tesina, informes de experiencia profesional, ensayos, artículos, conferencias… mencione usted el trabajo que guste: todo escrito susceptible a exponerse de manera oral o escrita debe señalar de manera clara y precisa los créditos correspondientes, con el objeto de consultarlos para enriquecernos. Nada de que “todo es de mi autoría” o “salió así, de mi ronco pecho”.
Cualquier universidad es eso: el conocimiento global en una comunidad estudiantil con el propósito exclusivo de que lo aprendido se adapte y beneficie a la sociedad. Como decía Alfonso Reyes: “Entre todos sabemos todo”.
No es difícil conjeturar que cualquier escuela de educación superior que se precie de serlo demanda iguales requisitos que los anotados líneas arriba. En el ejercicio periodístico, citar es la letra nuestra de cada día, pero, como en este mismo espacio se ha señalado (y en múltiples ocasiones a lo largo de la historia de la prensa), colegas de todos los niveles no tienen reparo en firmarse boletines o cables de agencias de noticias.
En su día, con el affaire de la ministra Yasmín Esquivel en boga, escribí lo siguiente: “En otra oportunidad escuché o leí que en realidad todos plagiamos, lo que pasa es que hay que saber hacerlo. La única certeza, acaso, es que estamos repletos de universitarios con maestrías y doctorados incapaces de redactar tres párrafos decentes. ¿Cómo le hicieron, entonces, para escribir sus respectivas tesis? Aventuro una teoría: la mayoría de los sinodales nunca lee las tesis. Nunca. Todo mundo cumple con un trámite burocrático, y ya” (Excélsior, 31-XII-2022).
Ciertamente, la candidata del Frente Amplio por México salió a capotear el asunto de la apropiación indebida de sendos párrafos para su trabajo de titulación. Lo deseable fue que la ministra Esquivel diera un paso al costado. Lo lamentable es que Xóchitl busca el voto popular. El doctor Graue pasará a la historia como el rector al que le activaron en su despacho de Ciudad Universitaria ese par de bombas de tiempo.
Con unos reflejos extraordinarios, el chapulín Germán Martínez Cázares escribió un artículo de opinión en el que no sabe que se mira en un espejo. Critica a quienes “defienden” hoy a Yasmín y “atacan” a Xóchitl. Empero, el senador ataca a Yasmín y defiende a la orgullosa gelatinera. En corto, demanda el muy mexicano “hágase la justicia en los bueyes de mi compadre”.
(“¿Yasmín y Xóchitl plagiaron?”, en Reforma, 21-IX-2023). Si por mi fuera, a los tres los mandaba al diablo: a Yasmín, a Xóchitl y a Germán.
Va una modesta sugerencia para la siguiente dama presidenta: que los funcionarios de mando sometan a comités de ética sus respectivas tesis, los que la tengan, pues no en todos los casos es requisito el título para ejercer un cargo público. Parece buen momento para generar, de una vez por todas, un sólido código deontológico.
Norma Layón, alcaldesa de San Martín Texmelucan, Puebla, agarró con las manos en la masa a unos policías corruptos. Grabados por ella misma en su celular, el video circuló profusamente en redes sociales. Me temo que todos los alcaldes, sin excepción, tendrían que hacer lo mismo. Algo así como el alcoholímetro, sin avisar dónde ni cuándo ni a qué hora. Es mejor persuadir que lamentar.
