Prosa visual del norte

¿Es iniciativa de la empresa de transporte o del municipio, o mera cortesía del chofer y sus compañeros de esa ruta no cobrarle a los estudiantes? Como sea, todo apoyo debe ser visto con buenos ojos.

DIVISADERO, Chihuahua.— De la capital del estado más grande de México a Creel son unas tres horas y media, dijeron en la central camionera. Mentira. El autobús hizo mucho más tiempo. El chofer paró varias veces durante el trayecto, lo cual se tornó desesperante. Recogió y bajó pasaje en Cuauhtémoc y San Juanito, entre otro par de sitios formales en los cuales marchantes se suben a ofrecer sabrosos burritos de picadillo o frijoles y sodas frías. Al turista distraído no le queda de otra más que resignarse.

Pero el conductor del autobús también se la tomó con calma para dejar gente en medio de la sierra. Básicamente donde el pasajero lo demanda. En una parada me sorprendió un poco ver a unos ocho chamacos de primaria y secundaria abordar la unidad. Se fueron bajando en diversos puntos cercanos, pero ciertamente difíciles de andar con mochilas repletas de libros y cuadernos. Me alegró enterarme de que a ellos no se les cobra. ¿Es iniciativa de la empresa de transporte o del municipio, o mera cortesía del chofer y sus compañeros de esa ruta? Como sea, todo apoyo que se le pueda dar a cualquier estudiante debe ser visto con buenos ojos.

Ya en Creel, con un tremendo frío que hoy en día pega a partir de los tres grados centígrados, imaginé a esos niños por las mañanas, arropados hasta los dientes para emprender el caminito de la escuela. ¿Durante las campañas presidenciales, qué candidata se tomará la molestia de visitar ésta y demás zonas similares con poblaciones pequeñas y dispersas entre sí?

Antes de tomar el célebre tren El Chepe, diseñado para ofrecer una bella experiencia con los espléndidos paisajes de Chihuahua y Sinaloa, llamó mi atención que el hotel donde pasé la noche presuma una placa, de septiembre de 1998, a propósito de la visita de Óscar Espinosa Villarreal en su calidad de secretario de Turismo del sexenio de Ernesto Zedillo. Último regente del Distrito Federal, Espinosa Villarreal pasó una temporada en la cárcel por el delito de peculado en agravio de la capital del país. ¿Cuántos funcionarios de hoy tendrán la misma suerte cuando tome posesión la primera dama presidenta de los Estados Unidos Mexicanos?

La sierra de Chihuahua ciertamente es otra cosa. La solitaria majestuosidad de los bosques y acantilados resulta un alivio para los que estamos acostumbrados, como diría Whitman, a ciudades llenas de necios. El recorrido de El Chepe resultó de lo más placentero, con la clara desventaja para los que les es inconcebible permanecer sin conexión durante más de ocho horas (algunos son incapaces de prescindir cinco minutos de su dispositivo móvil). El tren no tiene Wi-Fi ni terminales para tarjetas de crédito o débito, pero es un paseo memorable de unos 350 kilómetros, merced a espléndidas estampas que la mayoría de los pasajeros se empeña en captar con sus celulares. Los impertinentes con pantallas de bolsillo llegaron para quedarse.

El cambio de vegetación del territorio chihuahuense al sinaloense parece responder a instantes del director de cine luso Manoel de Oliveira. Las imágenes avanzan lentas, con nervio, prosa visual del norte. Engaño al ojo y al cuerpo. De los 10 a los 30 grados centígrados se pasa en un tris, cuando la gente empieza a despojarse de chamarras y abrigos un par de horas antes de la estación final, en Los Mochis.

CAJA NEGRA

Han sido citadas la vida y obra de José Agustín. Sin embargo, hay un librito notable y poco comentado de su producción: La nueva música clásica. Se trata de una revisión del rock and roll y sus alrededores, piezas sueltas publicadas originalmente en la prensa. Sin embargo, José Agustín logró integrar, con peculiar fortuna, acaso reescribiendo por aquí y por allá sobre los originales, una brevísima historia del género musical que supuso la gran revolución de la segunda mitad del siglo XX.

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