Polarización
Sea quien sea la siguiente dama presidenta, sería sensato aplicar la operación cicatriz en el discurso una vez que le coloquen la banda presidencial y anular de una vez por todas la polarización.
Iniciadas las campañas, conviene recordar que la Fundación del Español Urgente (FudéuRAE) eligió “polarización” como la palabra del año 2023. Este reconocimiento fue otorgado por la extensa presencia de ese término en los medios de comunicación y la evolución que ha experimentado su significado, superando a otras 11 candidatas como “amnistía”, “guerra” o “fentanilo”.
Quizás recuerde usted que hace un cuarto de siglo se hablaba de practicar la “tolerancia”. Se presentía el fin del PRI tras más de siete décadas en el poder, pero los políticos oficialistas y los de oposición se enfrascaban en serias discusiones sobre el porvenir de México. Y ante posturas incompatibles, la sugerencia fue casi siempre la misma: ser “tolerantes”.
En el presente sexenio se percibe el uso y abuso de la palabra “polarización”, precisamente opuesta a la “tolerancia”. Ni hablar, hoy en día son frecuentes las situaciones en que a dos opiniones contrarias se les agrega una buena dosis de encono, lo que ha resultado un éxito en las mesas de debate, tanto de medios de comunicación típicos (la radio y la tele) como en los que han irrumpido con fuerza (los podcasts y canales de YouTube).
Con la división de chairos y fifís, presuntamente promovida desde Palacio Nacional, pero también con las posturas cristalinas de los ciudadanos informados y al corriente de los acontecimientos duros de la política o la economía, los mexicanos hemos colaborado decididamente a que “polarización” obtuviera su medalla como palabra de moda en 2023.
En el escenario global, bien sabido es que hay otros actores en el asunto. Trump polarizó al vecino país del norte al grado de azuzar a sus seguidores para tomar por asalto el Capitolio. El paulista Bolsonaro desconoce la prudencia, así que no le es ajeno polarizar para justificar sus fines. En Argentina podrían bromear con la canción de José Alfredo Jiménez: “Y mi palabra es Milei”. La tensión no es buena consejera, pero ciertamente un pirómano la pasa mal en una alberca.
El asunto, sin embargo, está muy lejos de considerarse novedad en México. En Octavio Paz. El misterio de la vocación, Ángel Gilberto Adame relata que en 1934 la modificación del artículo tercero constitucional, impulsado por Lázaro Cárdenas en su calidad de presidente electo, provocó una crisis debido a que proponía que “la educación que se imparta será socialista en sus orientaciones y tendencias”. A la cabeza de los inconformes, señala Adame, figuró el rector de la UNAM, Manuel Gómez Morín, y “las posiciones se polarizaron”. Paz se adhirió a la corriente que, “sin respaldar al rector, percibía intereses irreconciliables entre un programa educativo socialista y un Estado que consideraba burgués y terrateniente…”.
Ciertamente, México ya es otro. Pero como escribió hace unos días Jorge Zepeda Patterson, “hay mucha pasión polarizada en el país y viviremos tres meses incesantes de campañas sucias e infamias, pero no deberían ser razón para desbarrancar la enorme estabilidad política que México ha conseguido en materia electoral” (Milenio, 7/marzo/2024).
El mensaje tendría que ser uno solo: votar el 2 de junio por los candidatos que consideremos competentes para los puestos por los que nos piden, a los ciudadanos de a pie, la confianza y el respaldo. Sea quien sea la siguiente dama presidenta, sería sensato aplicar la operación cicatriz en el discurso una vez que le coloquen la banda presidencial y anular de una vez por todas la polarización.
CAJA NEGRA
Así como una periodista puede cambiar su número de celular, si así lo desea, reparar una puerta no representa gran problema, por más histórica que sea. El pueblo paga. Ojalá que nuestro diario acontecer fuera así de sencillo.
