París 2024: Imane Khelif y Lin Yu-ting, mujeres de lucha

Francia vive un auge feroz de la extrema derecha que muestra con orgullo sus posturas racistas.

En una carta fechada el 19 de agosto de 1969, Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Internacional, expresa su malestar a Pedro Ramírez Vázquez, presidente del Comité Organizador de México 1968. ¿La razón? En el documental de esos Juegos se registró el gesto de Black Power de los atletas Tommie Smith y John Carlos, oro y bronce en la prueba de los 200 metros, respectivamente.

“Estimado Pedro: fue muy desagradable para mí que usted me confirmara el rumor que llegó a mis oídos referente a la inclusión de escenas de la repugnante demostración que hicieron los negros contra la bandera de Estados Unidos en la película oficial de la XIX Olimpiada. El Comité Organizador no debería publicar oficialmente esa violación a todos los preceptos olímpicos y a la buena educación, y que crearía un resentimiento inútil entre los partidarios del olimpismo en todo el mundo”, refiere Brundage.

El dirigente deportivo que se negó a boicotear las justas de Berlín 1936, durante el efervescente régimen nazi, y que tampoco quiso suspender los de Múnich 1972 tras el asesinato de 11 atletas israelíes en la Villa Olímpica, demandaba cercenar la poderosa imagen de Smith y Carlos, subidos al podio con el puño en alto cubierto con un guante negro. Esa fotografía le dio la vuelta al mundo y representa un instante de la lucha por los derechos civiles de la raza negra en la Unión Americana.

Sin embargo, Brundage consideró que esa acción “no tuvo nada que ver con el deporte, fue un abuso vergonzoso de la hospitalidad, y no tendría más cabida en el récord de los Juegos que el tiroteo de Tlatelolco” […] Si eso hubiera afectado a la bandera mexicana o a los atletas mexicanos, estoy seguro de que no se habría incluido en la película. Esperando que se eliminará ese pasaje indeseable, quedo de usted”.

La misiva obra en los archivos del arquitecto Ramírez Vázquez, cuya fotocopia me entregó, hace algunos años, el también arquitecto Javier Ramírez Campuzano, responsable de ese acervo.

Resulta sintomático el recuerdo del Black Power en el estadio de Ciudad Universitaria, de la capital mexicana, en el marco de París 2024. Hoy, Francia vive un auge feroz de la extrema derecha que muestra con orgullo sus posturas racistas. En un clamor semejante, las miradas apuntan a la boxeadora argelina Imane Khelif y la taiwanesa Lin Yu-ting. Para la Asociación Internacional de Boxeo (AIB) se trata de “boxeadores hombres”, situación que el COI desestimó desde el principio. En nuestra inmediatez, cualquier polémica es suficiente para encender el bosque.

Con el primer cuarto del siglo XXI a la vuelta de la esquina, el racismo y la discriminación están lejos de pasar la página y ocupan un sitio central en la agenda global. En ese sentido, las mujeres continúan en la lucha por sus derechos plenos.

El desprecio hacia Imane Khelif y Lin Yu-ting tiene un detonante político, por mucho que el citado Avery Broundage renegara de esa mezcla con el deporte. Enfrascados de un tiempo a la fecha en una pelea de perros y gatos, el COI expulsó del movimiento olímpico a la AIB por malos manejos en sus finanzas y sus vínculos con Rusia (su actual presidente es un empresario ruso). Nadie en sus cabales podría afirmar que el olimpismo es pulcro y transparente o que la historia del boxeo está exenta de taches, pero es precisamente por ello que estas dos boxeadoras son embajadoras actuales de la lucha de las mujeres en el concierto mundial.

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