Marko Cortés es un aviador
El presidente del PAN representa a esos activistas de Twitter y demás redes sociales que en el fondo saben que su causa está perdida.
Resulta patético ver en las redes sociales demasiados activistas que, sea como sea, tiran a diario sus dardos sobre la 4T y los yerros de Andrés Manuel López Obrador (que ,desde luego, los tiene, y algunos de verdad dan pena ajena). Su meta, aseguran, es tumbar al indeseable. No entienden ni se explican cómo este individuo tiene, hoy en día, con todo y los golpes a la economía y la gestión al covid-19, una aprobación arriba del 60%, niveles semejantes a los de la saliente canciller alemana Angela Merkel o al del presidente ruso Vladimir Putin, dos líderes que pasarán a la historia, con sus luces y sombras, como personajes que definieron sus tiempos.
Los subecomentarios de las redes han desarrollado un axioma: la popularidad de López Obrador se debe al apoyo de la gente jodida (jodida de sus bolsillos y de sus cabecitas locas, principalmente) y celebran, algunos con reservas, eso sí, la alianza Va por México. Así las cosas, más o menos.
Sin embargo, sólo alguien muy tonto o que ignora las reglas de una competencia tira la toalla olímpicamente mientras lleva a cabo su tarea de dirigir un partido de oposición y dar al traste los leves intentos de ésta por integrar una fuerza real a medio camino del actual gobierno.
Que Marko Cortés sea una vergüenza para el PAN es un dictamen que ya dieron sus correligionarios. En sentido estricto, Cortés es un auténtico aviador (y vaya que hay varios) de la política mexicana justamente cuando ésta requiere de mentes fuertes y acciones concretas para enfrentar los retos de “someterse” a la voluntad de un solo hombre que, no se cansan de decirlo, es un peligro para México.
El presidente del PAN representa a esos activistas de Twitter y demás redes sociales que en el fondo saben que su causa está perdida. Es muy cómodo y hasta divertido jugar a ser opositor desde el mundo virtual. Salir a manifestarse a las calles o trabajar verdaderamente en la mejora de nuestras comunidades requiere de un esfuerzo mucho mayor que usar adecuadamente un teléfono inteligente o contratar un community manager.
Hacer labor de campo cuesta sudor y lágrimas. Justo lo que tiene estructurado Morena y su amplia pandilla, no el equipo de trabajo del presidente del PAN, que confunde administración de recursos recibidos por ley para su partido con cabildeo, que además de talento, carente a todas luces en Marko Cortés, requiere de estómago.
Si de verdad López Obrador y la 4T son un cuento chino, los críticos del Presidente tabasqueño no han hecho más que derramar bilis y sanar sus heridas precisamente en redes sociales, rara operación profiláctica.
El dirigente nacional del PAN los representa, pero su actitud asimismo refleja la voluntad de todos aquellos que cobran sus quincenas sin mover un dedo ni despeinarse, porque para eso cuentan con subalternos que tienden puentes, los cuales Cortés ya se encargó de dinamitar. ¿Qué médico da esperanzas a sus pacientes aun con el conocimiento de que no sobrevivirán a la cirugía? ¿Qué arquitecto alza un edificio a sabiendas de que caerá con el primer temblor? El affaire de Marko Cortés no es tan grave. Nadie va a morir y nadie lo extrañará.
Ser “aviador” o hacerse de la vista gorda a los que cobran dentro de la administración pública supone un delito, pero serlo en la iniciativa privada es mucho más común de lo que parece. Está mal ser aviador en un partido político, pero es mucho peor actuar de esa manera desde su presidencia. Así como hay sueldos y gastos de representación absurdos que pagamos con nuestros impuestos, que Marko Cortés haya cobrado por su actitud derrotista 178,317 pesos brutos mensuales durante 2020, consigna varias publicaciones, es un insulto para sus militantes, pero sobre todo para aquellos que, sin serlo, veían en Acción Nacional una opción “real”.
