La mala hora
Los conductores del programa actualmente son un bajista de rock y una divulgadora de la ciencia. Si esta administración extinguió Notimex, la agencia de noticias del Estado, ¿por qué La Hora Nacional no debía correr la misma suerte, digamos, dados los principios de austeridad republicana?
Entre los recientes reveses de la oposición está el ocurrido el jueves, cuando la Comisión de Quejas y Denuncias del INE rechazó una petición de prohibir la transmisión de La Hora Nacional. Un par de legisladores del PAN expusieron que ese longevo programa de radio dominical se utiliza para promover la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum.
El INE no lo ve así: “Ello (sacar del aire La Hora Nacional) constituiría una restricción desproporcionada a la libertad de expresión máxima que bajo la apariencia de buen derecho no se considera intrínsecamente ilegal, siempre que se respeten los principios constitucionales que se aducen transgredidos y se respeten los límites constitucionales y legales previstos en la propaganda gubernamental, considerando que se encuentra en curso la etapa de campañas en el presente proceso electoral”.
Al recurso panista se había sumado la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), cuyo objetivo en este proceso electoral, aseguró, “es privilegiar la libertad de expresión y la equidad en las coberturas…”.
Andrés Manuel López Obrador ha reiterado la famosa máxima de “prohibido prohibir”, en realidad un arma de doble filo, al menos en el caso aquí comentado, pues los concesionarios difícilmente se saldrán del guion, aunque la pasada emisión de La Hora Nacional se suspendió en tres estaciones de la CDMX, una de noticias y dos de música (La Jornada, 25/3/2024).
Proporciones bien guardadas, en estas cuestiones de la comunicación muy pronto la 4T decidió tomar las herramientas a su alcance. Los canales de televisión pública 11 y 22, por ejemplo, han contado con espacios de franca propaganda gubernamental.
Pero se divierte López Obrador con sus adversarios. Eso de que “yo pensaba que ya no existía La Hora Nacional es mentira. Por supuesto que el Presidente está atento por la información que recibe de su círculo cercano. En lo que atina el primer mandatario es en el hecho insólito de que alguien demande quitar un espacio que no le interesa gran cosa a la mayoría de los ciudadanos de este país. La broma es vieja: Si alguien quisiera divulgar un secreto, la mejor opción es La Hora Nacional.
La novela Ciudades desiertas (1982), del gran José Agustín (1944-2024), inicia de la siguiente manera: “Susana caminaba por Insurgentes cuando encontró a Gustavo Sainz, quien le preguntó si quería le gustaría participar en un programa de escritores en Estados Unidos. Susana dijo sí al instante. Sainz no tenía tiempo de darle pormenores, pero le pidió anotara un número telefónico. Susana regresó corriendo a su departamento y se descorazonó al ver que su marido no estaba allí; Eligio había ido a una grabación de La Hora Nacional, lo cual implicaba caer en lo más bajo…”.
Según la Wikipedia, La Hora Nacional, que salió al aire el 25 de julio de 1937, dura una hora y “se transmite a las 10 p.m. los domingos en todas las estaciones de radio mexicanas, según lo exige la ley de radiodifusión mexicana y se transmite también vía streaming por sus redes sociales”.
Por otra parte, me entero de que los conductores del programa actualmente son un bajista de rock y una divulgadora de la ciencia. Si esta administración extinguió Notimex, la agencia de noticias del Estado, ¿por qué La Hora Nacional no debía correr la misma suerte, digamos, dados los principios de austeridad republicana?
Pensándolo bien, mejor no. Las noches de domingo son para descansar con el fin de arrancar bien la semana, o eso se supone. Además, su cancelación implicaría un riesgo para los locutores que solicitaran un programa ese día, en ese horario, pues correrían el riesgo de que se los dieran de inmediato.
