La IA, democratizadora del desarrollo económico
Ojo, no es sólo abaratar o facilitar. También implica cerrar brechas.
El financiero es el sector que ahora mismo marca la pauta en innovación tecnológica en México, me dice Carlos Cardini, coCEO de Konfront, una firma de tecnología con ocho años de experiencia en inteligencia artificial. Desde luego está el sector salud, “ampliamente solicitado e intervenido”, y el educativo no se queda atrás. “En todos ellos, la inteligencia artificial ya no se limita a grandes modelos de lenguaje, sino a sistemas de pagos en línea, consultas médicas digitales o plataformas educativas interactivas”.
El caso es que la inteligencia artificial se empieza a asumir como democratizadora del desarrollo económico. En algún momento se pensó que los herederos de la historia de México requerían un psiquiatra. Ya casi pasado el primer cuarto de siglo, es un hecho que la nuestra es una nación que padece de “inflación legislativa”, con sobreabundancia de normas aplicables y reglamentos que nadie sabe de qué tratan. Ante ese panorama, la ciencia abrió sus cauces; la innovación tecnológica, también. La IA se incrustó como un aparato doméstico que cualquier hogar agradece.
“La IA pone sobre la mesa una oportunidad histórica. Hoy, una pyme puede acceder a tecnologías de análisis de datos, marketing digital o incluso diseño de productos que antes eran exclusivos de grandes corporativos. En salud, educación y finanzas, el alcance es evidente: diagnósticos más rápidos, clases personalizadas, créditos gestionados en segundos”, refiere Cardini.
Sin embargo, hace una aclaración necesaria: “Pero ojo, democratizar no es sólo abaratar o facilitar. También implica cerrar brechas. Y ahí está el gran reto. No basta con que la IA exista. Se requiere conectividad, alfabetización digital y políticas públicas que la acompañen. De lo contrario, lo que debería ser un puente, puede convertirse en un muro más alto entre los que tienen acceso y los que no”.
En ese sentido, la IA no democratiza por sí sola: necesita voluntad política, visión empresarial y compromiso social. En otras palabras, la IA puede ser catalizadora del desarrollo económico, pero debemos decidir si ese progreso será incluyente o estará concentrado en pocas manos.
“En salud, estamos trabajando en plataformas de citas en línea con geolocalización, pagos electrónicos accesibles, facturación automatizada y acceso digital a resultados clínicos”, señala Cardini. “Esto permite ahorrar tiempo, reducir el ausentismo en las clínicas y mejorar la eficiencia de recursos. Además, con tableros de inteligencia podemos detectar patrones regionales de enfermedades y anticipar políticas públicas más efectivas.
“En educación, la IA se usa como asistente para dar retroalimentación a los alumnos. No reemplaza al profesor, pero fomenta el pensamiento crítico y el aprendizaje más profundo”, agrega.
En esa nueva normalidad que supone la vida cotidiana con la IA, los objetivos de los gobiernos dependerán, en buena medida, del sustento de su inversión en tecnología. De momento, México es el segundo país con centros de datos de Latinoamérica (16% del total regional, sólo detrás de Brasil).
En menos de una década, Carlos Cardini, en Konfront, junto con sus socios y colegas, han vivido de primera mano cambios radicales. “La pandemia aceleró la adopción digital casi diez años. Antes había una brecha de ocho o 10 años con Estados Unidos o Europa; hoy es apenas de dos o tres. Desde 2020, la tecnología pasó a ser la prioridad, la importancia número uno. Sin ella, los negocios desaparecen”, expone.
Para cerrar, le pregunto a Cardini sobre el momento que vive México en cuanto a innovación: “Estamos en la adolescencia de la innovación, es la etapa de mayor crecimiento y aceleración. Si apostamos nuestro tiempo y recursos en este momento, podemos dar un salto enorme como país”.
