La democracia celebra a Cuauhtémoc Cárdenas

A ojos de los expertos, el socialismo de la 4T tiene puro maquillaje del cardenismo.

Este 1º de mayo, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas cumplió 90 años y la democracia mexicana lo celebra. La frase puede sonar muy hecha o abstracta, pero estamos ante una figura que inhibe a sus históricos rivales. La lucha que encabezó en 1988, junto a otros personajes clave como Efigenia Martínez, Rosario Ibarra de Piedra, Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo o Manuel Clouthier, ya se sabe, instaló las bases para que México tuviera elecciones libres y que los funcionarios de Gobernación de una vez por todas sacaran las manos de las urnas para contar los votos.

Pero ese largo trayecto supuso escalar el Everest. El sistema tenía recursos (y partidas secretas) exentos de auditorías, con los que se combatió, literalmente, casi cualquier pronunciamiento de las corrientes opositoras de entonces. Sin ir demasiado lejos, Félix Fernández, portero del Atlante y de la Selección Mexicana, refirió en su momento el aprieto que le provocó pronunciarse públicamente a favor de Cuauhtémoc Cárdenas camino a las elecciones presidenciales de 1994. Si un jugador de futbol era capaz de encender focos de alarma, ¿qué no vivieron mujeres y hombres mucho más incisivos políticamente, por abrirse espacios tras el 88? Sobran testimonios y están a la mano.

Pero el mundo ha cambiado. México también. En aquellos años nos bastaba con quitarle el poder al PRI. Advertimos que no fue suficiente. Llegó el PAN y, pues, pasó lo que pasó. El peñanietismo más bien nos da vergüenza y hoy en día la cosa no está como para echar cohetes, aunque no falta quien los truene.

Por eso ha sido y es importante escuchar a Cuauhtémoc Cárdenas, figura agonal de nuestra política. Ante los acelerados cambios en el concierto global, el ingeniero Cárdenas, de manera permanente, nos ha reclamado la atención por las incidencias locales y regionales de un México representado por una polifonía de voces, algunas minoritarias o marginales, a las que asimismo es imperativo atender.

Para cumplir metas, el progreso requiere inclusión y pluralidad. Ningún discurso como el de Cuauhtémoc Cárdenas ha sido coherente con ese ideal. Se supone que López Obrador es seguidor de su estela, pero a ojos de los expertos, el socialismo de la 4T tiene puro maquillaje del cardenismo. En ese sentido, no fue gratuito que Claudia Sheinbaum se le haya acercado durante la más reciente conmemoración de la expropiación petrolera. La hoy candidata presidencial alguna vez formó parte de las comisiones de maestros y estudiantes de la UNAM que apoyaron al ingeniero desde Ciudad Universitaria en sus diversas etapas como candidato o activista de las causas sociales.

En ese sentido, la máxima casa de estudios no olvidó el cumpleaños del ingeniero. Tampoco descuida el estudio a su trayectoria por la democracia y el jueves le organizó un homenaje en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

En el uso de la palabra, Cárdenas, siempre modesto, señaló: “La construcción democrática es obra de muchas cabezas, talentos, esfuerzos, plumas, activistas, quienes han permitido que podamos mantener, construir y renovar instituciones”. Asimismo, resaltó que en esta lucha hubo bajas, pues, destacó, el recuento de las personas que se han sumado a la democracia del país debe iniciar con los caídos en distintas jornadas “después o a partir de 1988. Crímenes, yo diría, todos ellos, que se mantienen en la impunidad”.

Visto a la distancia, la obra oratoria y testimonial de Cuauhtémoc Cárdenas constituye un corpus digno de los análisis más serios. Sus propuestas sociales y culturales animan a cualquier ciudadano, con pasión y responsabilidad, a realizar cualquier tarea política que se proponga en un México siempre necesitado de voces críticas y razonables.

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