El escudo invisible

Y sí, los Priest podrían estar ahora mismo tirados al sol en una playa, con cervezas y mojitos, disfrutando una merecida jubilación, pero no. En lugar de ello ya anunciaron un tour mundial.

En 1990 salió Painkiller, el decimosegundo disco de la banda británica de heavy metal Judas Priest. Se trata de un material impresionante que irrumpió en ese entonces. Como sus miembros ya rondaban los cuarenta y tantos, en los confines del sabatino tianguis de El Chopo se decía, con admiración, que cómo era posible que “esos rucos” tocaran de esa manera. Pero sí: era posible y resurgió entre propios y extraños el acrónimo “ruckers” (rock y rucos).

El recuerdo brota hoy por el lanzamiento global del decimonoveno álbum de Judas Priest, Invincible Shield (Columbia-Epic, 2024), un dignísimo esfuerzo con el sello de la casa que esta pionera banda ayudó a construir: melodías fuertes, a ritmo rápido, una suerte de retorno a los 80, pero con la óptima ejecución que llega, de manera natural, con la extensa constancia de hacer lo que a uno le satisface.

Y sí, los Priest podrían estar ahora mismo tirados al sol en una playa, con cervezas y mojitos, disfrutando una merecida jubilación, pero no. En lugar de ello ya anunciaron un tour mundial. El bajista Ian Hill tiene 72 años, el guitarrista Glenn Tipton, de 76, y, como apuntó el crítico Philip Wilding, la espesa barba que usa el cantante Rob Halford lo hace ver como “un Santa Claus con ropa fetichista, pero su voz sigue siendo el grito implacable que rompe cristales de un hombre 50 años más joven. Invincible Shield es prístino y poderoso”.

Durante el transcurso de las últimas cinco décadas, ante el puñado de discos y proyectos alrededor de Judas Priest, permanece en la memoria del buen metalero la figura de Halford, que como frontman representa un símbolo en la historia de la música de la segunda mitad del siglo XX, convertido, asimismo, en una insignia de los derechos de los homosexuales desde que salió del clóset para el gran público, en 1998. La revelación acaso tenga algo de extemporánea en un territorio como el Reino Unido, pero Halford temía que ello fuera a clausurar su carrera. Caso contrario, recibió el apoyo unánime de la comunidad metalera y de muchas más que, sencillamente, no gustan de su música.

En mala hora se asoció al rock y demás melodías “pesadas” como algo exclusivo de la juventud. Quizás nadie como Mick Jagger y Keith Richards desmienten ese prejuicio. Y para documentar nuestro optimismo, como decía Monsiváis, el periodista Kurt Loder, el fundador titular de MTV News, es casi octogenario. Eso. The Party Never Ends, cantaba la banda femenina Rock Goddess, asociada al New Wave of British Heavy Metal (NWOBHM), movimiento surgido a mediados de los años 70 con Judas Priest a la cabeza.

En su día, Birmingham fue la ciudad de Inglaterra en la que se concentró el grueso de la clase trabajadora. Por su músculo industrial fue conocida como “El taller del mundo”. Para los jóvenes de hace cinco décadas, y las posteriores, Birmingham se alzó como un gran gueto. En ese sentido, se ha dicho que el panorama industrial de Birmingham explica, de alguna manera, su voluntad musical, decididamente distinta a la de otras grandes urbes de la isla, como Liverpool o Londres.

En Brum, conocida así por los ingleses, surgieron Judas Priest y Black Sabbath, y quizás eso diga todo. También de ahí son Doom, Napalm Death, Godflesh, Benediction, Scorn y demás actos relevantes del heavy metal y sus géneros cercanos. Como apuntó Andrew O’Neill, Birmingham es el “Top Gun” del heavy metal. Por cierto, O’Neill también asegura que Judas Priest fue invitado para componer el soundtrack de esa famosa película de Tom Cruise, pero rechazaron la oferta (A History of Heavy Metal, Headline Publishing Group, Londres, 2017).

El caso es que hay Judas Priest para rato, protegidos por ese escudo de metal invisible forjado a base de fuertes melodías que les ayuda a eludir el retiro y satisfacer a sus millones de fanáticos alrededor del planeta.

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