Del olvido de la lepra al brote de sarampión

La lepra, con todo su peso simbólico, nos recuerda que las enfermedades nunca desaparecen por decreto

Es muy raro que alguien mencione la lepra. Quizás porque se ha reducido a ínfimos porcentajes y sus tratamientos hoy día son mucho más efectivos. Da la impresión de ser una enfermedad “vieja” o “ya superada”, pero no. Aunque se ha logrado disminuir, a nivel mundial se registran unos 200 mil casos (a mediados del siglo XX se calculaban de cuatro a cinco millones de leprosos, 26 mil en México).

La lepra no es muy contagiosa, pero permanecen los mitos de contraerla por contacto, por tocar utensilios o ropas de los infectados o utilizar el mismo baño. Acaso esa creencia haya sido heredada de la peste, cuyos portadores, estigmatizados, eran tratados como basura. En su momento, el remedio para la lepra fue aislar a sus portadores. En un extremo, se les envió a la isla de Molokai, en Hawái, paraíso en el que sus residentes esperaban al ángel de la muerte.

Pero la lepra es milenaria. En el capítulo 13 del Levítico, por ejemplo, “se revelan leyes y se dan indicios para reconocer y controlar la lepra — Los vestidos del leproso han de ser quemados”, en tanto que en el 14 “se revelan leyes, ritos y sacrificios para purificar a los leprosos, sus vestidos y las casas infectadas de lepra” (https://www.).

Durante el cardenismo, el periodista checo Egon Erwin Kisch llegó a México y, sin demora, fue a un hospital de leprosos: “Los matrimonios entre leprosos están prohibidos por la ley. Pero ninguna ley puede prohibir el amor, aunque sea entre leprosos” (en Descubrimientos en México).

La historia de la lepra nos enseña que jamás hay que bajar la guardia ante el catálogo de enfermedades infecciosas, sobre todo las muy contagiosas, como el sarampión. El pasado 10 de noviembre, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) anunció que “las Américas” perdió su estatus como región libre de transmisión endémica del sarampión. La Comisión Regional de Monitoreo de la OPS tomó la decisión tras reunirse en la Ciudad de México del 4 al 7 de noviembre.

El reporte de la referida comisión indica que la transmisión endémica del sarampión se ha restablecido en Canadá, “donde el virus ha circulado durante al menos 12 meses”. Así, “la primera región del mundo en eliminar el sarampión en dos ocasiones, ha perdido nuevamente su estatus de libre de sarampión”.

El boletín de prensa de la OPS señala lo siguiente: “Al 7 de noviembre de 2025 se han notificado 12,596 casos confirmados de sarampión en diez países (aproximadamente 95% de los casos de la región se concentran en Canadá, México y Estados Unidos), lo que supone un aumento de 30 veces en comparación con 2024. Además, se han registrado 28 defunciones: 23 en México, tres en Estados Unidos y dos en Canadá”.

En Guadalajara, el secretario de Salud de Jalisco, Héctor Raúl Pérez Gómez, confirmó esta semana la primera muerte por sarampión, una bebé de 11 meses.  

Sobra decir que la situación es de emergencia. Según el Informe Diario del Brote de Sarampión en México, 2025, al momento de escribir esta colaboración (13 de noviembre de este año), se han reportado 5,257 casos acumulados, cinco en las últimas 24 horas. Hasta ahora, 27 estados y 142 municipios tienen casos confirmados (https://www.gob.mx/salud/).

Las cifras nos dan una idea de la gravedad del asunto, pero ningún mal pertenece al pasado. La lepra, con todo su peso simbólico, nos recuerda que las enfermedades nunca desaparecen por decreto. Cuando pensamos que hemos domado a los virus, éstos regresan para exhibir nuestras omisiones. El sarampión, hoy desbordado en la región, es una advertencia nítida.

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