Daño irreversible
Hacia agosto de este año, ChatGPT registró 180 millones de usuarios activos mensuales. ¿Cuántos de esos usuarios son estudiantes de educación media superior, por ejemplo?
Son días contradictorios. Se teme, por un lado, que la Inteligencia Artificial (IA) sustituya profesiones y oficios. Por el otro, los calamitosos resultados de la prueba PISA 2023 arrojan que una generación permanece en el limbo de la ignorancia.
Vamos por partes. La IA hace tiempo que se ha incrustado en nuestra vida cotidiana. Al usar el streaming, por ejemplo, la IA ubica nuestros tópicos favoritos y, de alguna manera, facilita subsecuentes búsquedas.
La problemática esencial con la IA, advierten los expertos, surgió a raíz de ChatGPT, el más famoso de los programas especializados en la escritura, auxiliar para reducir costos y tiempos para cumplir con los entregables, situación que desató debates éticos y provocó el llamado a huelga de los escritores y actores de Hollywood.
La industria del cine reaccionó en el momento justo, aparentemente. En el ámbito de la educación, en cambio, duermen en sus laureles. Hacia agosto de este año, ChatGPT registró 180 millones de usuarios activos mensuales. ¿Cuántos de esos usuarios son estudiantes de educación media superior, por ejemplo?
Regresemos a PISA, una prueba internacional que se efectúa cada tres años. De acuerdo con sus resultados, en relación con 2018, México retrocedió en matemáticas, lectura y ciencias, ubicado finalmente en el lugar 51 de 81 naciones evaluadas. La educación en nuestro país es, pues, un desastre. Por desgracia, nada nuevo bajo ese sol. Si en México se leen en promedio 3.4 libros al año, según registra el Inegi, no podemos esperar que los niños y jóvenes de hoy superen esa tendencia cuando lleguen a la edad adulta.
Desde luego, la pandemia de covid-19 trastornó todos los ámbitos posibles, pero la educación a distancia claramente incrementó los nefastos efectos. No es difícil imaginar a los maestros aprobando a tontas y a locas a todo mundo, con tal de no verse con una carga considerable de trabajo dada la incertidumbre que duró sus muy buenos tres años y pico.
La educación en México nunca fue un modelo a seguir, más bien, desde que de manera sistemática contamos con indicadores, siempre dio pena ajena, con una líder sindical que volaba en jet privado, para acabarla. Me imagino, asimismo, al pobre de José Vasconcelos revolcándose en su tumba.
Hace años, en su cuenta del entonces Twitter, Julio César Chávez se excusó por sus faltas de ortografía, que no podía detectar: “Perdónenme, pero soy boxeador, no maestro”. Cosa similar, pero sin disculpas, es lo que ha hecho en la misma red social, hoy llamada X, Vicente Fox. El primero llegó, por méritos propios, a multicampeón e ídolo mundial. El segundo, criticado por titularse en administración por la Ibero 35 años después, tomó las riendas del país por errores ajenos. El voto de castigo, hoy día también lo ven los arrepentidos, tiene sus consecuencias.
Ninguna sorpresa, en fin, por los resultados de PISA en un país en el que una ministra de la Suprema Corte plagió su tesis y las dos candidatas a la Presidencia de la República fueron acusadas de una falta semejante, aunque ya exoneradas por la autoridad educativa competente. Las tres, mujeres notables, son egresadas de la máxima casa de estudios.
En el libro El director (2019), el periodista David Jiménez relata los periplos y las intrigas durante el año que duró al frente del periódico español El Mundo. En algún punto refiere la ocasión en que recibió en su dispositivo móvil algún reportaje que particularmente le interesaba checar antes de publicarse. Se comunicó a la redacción porque no entendía nada de nada. Le habían enviado la versión original, no la editada. Los redactores del diario tenían 20 años reescribiendo las notas del periodista en cuestión.
A estas alturas, nuestra inútil esperanza es que la prueba PISA, en realidad, haya analizado respuestas hechas con la ayuda de la IA, pero eso es imposible.
