1994: Llamaradas en la oscuridad

Todo mundo comentaba la irrupción de esos indígenas encapuchados, armados con fusiles que más bien parecían de feria de barrio, pero dispuestos a luchar por tantos años, siglos, se decía, de opresión y hostigamiento en Chiapas.

Todo inició en Chiapas. O antes. Hace 30 años, desde las diversas asambleas estudiantiles de la UNAM, el Poli y Chapingo no dudamos ni un segundo en apoyar, en la medida de nuestras posibilidades, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Los “errores de diciembre” de 1993, causantes de una severa crisis económica, quedaron de alguna manera relegados del discurso oficialista, aunque no de la realidad de nuestros bolsillos vacíos.

Todo mundo comentaba la irrupción de esos indígenas encapuchados, armados con fusiles que más bien parecían de feria de barrio, pero dispuestos a luchar por tantos años, siglos, se decía, de opresión y hostigamiento en el sureño y pobre estado de Chiapas. “Podrán cuestionar los métodos, pero no las causas”, dijo, famosamente, el subcomandante Marcos.

Para dar una idea de la magnitud de la recesión referida, lo que se conoció como “efecto tequila”, ofrezco un par ejemplos someros. Uno: en cuestión de días, los novedosos discos compactos, de 35 pesos, cambiaron de precio: 50 o 55 pesos. Dos: en un abrir y cerrar de ojos, los timbres postales para una carta regular a Estados Unidos subieron 10 pesos. En ese entonces puse una larga pausa a mis adquisiciones musicales, además de mermar la actividad de mi apartado postal. Sin embargo, hubo cosas peores. Si no me cree, pregúntele a los que tenían hipoteca.   

En todo caso, México dejó para mejor ocasión el “paso difícil a la modernidad” (tomo prestado el título de las memorias del expresidente Carlos Salinas de Gortari), y regresó al ostracismo global. Un país de tercer mundo con escenografía de primer mundo, dijeron los críticos del salinismo.

Preocupado por el socio comercial en problemas, pues el muy celebrado Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá entró en vigor el mismo día en que los neozapatistas tomaron San Cristóbal de las Casas, el gobierno del presidente Bill Clinton autorizó, meses después, un millonario préstamo de emergencia.

Pero esta pesadilla empezó, sin darnos cuenta, en la Navidad de 1993. Si en ese momento nos hubieran advertido que la devaluación del peso nos tomaría años de recuperación, lo habríamos considerado una tontería. Si en ese mismo mes se nos informa que una guerrilla se alzaría en armas, habríamos argumentado que el marxismo-leninismo latinoamericano era cosa de museo. Si alguien se hubiera atrevido a imaginar el magnicidio del candidato del partido del poder (sí, el PRI no era el partido “en el poder”, sino “del poder”), habríamos dicho que eso formaba parte de nuestras fantasías, exclusivamente.   

Todo pasó muy rápido. Fue como ver llamaradas en la oscuridad. Las sombras de la noche se movían a placer, o como podían, y los ciudadanos, cautivos, sólo vimos fragmentos de ese fuego espontáneo que surgía en el horizonte. Y nos quemaba.  

En marzo de 1994, con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, seguido del ajusticiamiento del secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, en septiembre de ese mismo año, México entró de lleno al siglo XXI con una alternancia provocada, en parte, por el presidente Ernesto Zedillo, poco afecto a su partido (un político crustáceo como Emilio Gamboa se lo reclamaría cuando Vicente Fox ganó las elecciones).

En todo caso, el fenómeno del EZLN abrió la discusión sobre los derechos de los indígenas de nuestro país, la “raza de bronce”, decían los racistas: “Mandar no saben y obedecer no quieren”.

Una lección de periodismo sobre esos días se la escuché, durante un aperitivo, al poeta Luis Miguel Aguilar, en ese entonces director de la revista Nexos: un reportero no se adentra a la Selva Lacandona para entrevistar a Marcos. Uno va a la selva, cámara en mano, ve a Marcos, le quita la capucha y le toma la foto. Ahí está la exclusiva.

Temas: