Victoria pírrica

Al menos un 30% de la producción petrolera mexicana se hace con pérdidas con los precios actuales y aun con el acuerdo logrado tardarán en obtener ganancias.

El mundo ya se enteró de lo que padecemos los mexicanos, pudo constatarlo en la reunión OPEP+, donde se logró un acuerdo histórico para reducir en casi diez millones de barriles la producción de petróleo crudo con el objetivo de subir y estabilizar los precios en el mercado.

Estupefactos, ministros de energía de más de veinte naciones vieron a la secretaria de Energía, Rocío Nahle, oponerse a cumplir un acuerdo que le convenía a México, al grado de verla levantarse de la mesa y acabar saliéndose con la suya gracias a la intervención de Donald Trump, presidente de la superpotencia que promovió el encuentro, quien asumió tres cuartas partes de lo que nos correspondía reducir a cambio de una contraprestación que se anuncia sin aclararse.

No hay racionalidad económica ni siquiera al jugar como polizón y ser beneficiario sin aportar proporcionalmente lo mismo que los demás. Al menos un 30% de la producción petrolera mexicana se hace con pérdidas con los precios actuales y aun con el acuerdo logrado tardarán en obtener ganancia, pues la recuperación será paulatina y quizá accidentada por la drástica reducción de la demanda, provocada por la parálisis impuesta por la pandemia.

A los únicos que no sorprende ese irracionalismo caprichoso es a los mexicanos porque ya nos es habitual. La cancelación del NAIM en Texcoco respondió a la misma “lógica” de sacrificar ventajas materiales y prácticas por afianzar la narrativa mesiánica de la transformación obradorista.

El dinero y las ventajas comparativas desmerecen frente a los logros simbólicos de quien describe y machaca todos los días una realidad alterna amplificada por la abrumadora propaganda oficial con la expectativa de convertirla en verdad para la percepción ciudadana.

Al presidente Andrés Manuel López Obrador nada lo hace apartarse de su guion. Ni la pandemia ni la crisis sanitaria ni la situación desesperada de Pemex. No adecúa sus programas sociales hacia quienes se verán más afectados, no ayuda fiscalmente a las Pymes para librar la tempestad, no admite siquiera posponer sus proyectos para redireccionar recursos hacia la salud, incluso insiste en construir la refinería de Dos Bocas, que como negocio nacería muerto y significa una aberración teniendo una deuda de 105 mil millones de dólares.

Nada es peor que el autoengaño. En el acuerdo de la OPEP+ no se le dio un trato de excepción a México por su “prestigio” en el mundo, como asegura AMLO, sino porque Estados Unidos lo solicitó y hubiera sido un despropósito descarrilar un acuerdo tan trascendente por una diferencia de tres por ciento de lo que se buscaba reducir. Pero, sin duda, el incidente afectó la imagen del país, pues ahora todos tomaron nota de que aquí las decisiones económicas y comerciales, incluso de alcance internacional, se toman con base en la ideología y las prioridades de política doméstica del grupo en el poder.

Cuando una mentira se tapa con otra mentira, al final, muy probablemente, se derrumbarán todas como castillo de naipes. La producción de petróleo estaba al nivel del 2018, último año de gobierno de Enrique Peña Nieto: 1.7 millones de barriles. Ahora serán 100 mil barriles menos y no podrá cumplir la meta del sexenio de llegar a 2.4 millones.

Ya lo sabemos, ni siquiera los datos de su propio gobierno que lo desmienten evitarán que el Presidente cante su pírrica victoria como si se hubiera ganado el Mundial e insista en darle al petróleo la relevancia que tenía en el siglo pasado. Es verdad que por fin abrió la puerta para promover energías limpias, pero eso se quedará en demagogia mientras no se exprese en el presupuesto.

La distopía orwelliana de una sociedad manipulada por la propaganda que llama “amor” al odio, “paz” a la guerra, “libertad” a la opresión, “democracia” al poder unipersonal, “traición” al cuestionamiento, “conservadores” a los disidentes y “posneoliberalismo” al neoliberalismo se complica en estos tiempos de hipercomunicación. Y sin embargo, López Obrador asegurará que la intervención de Donald Trump a su favor fue desinteresada.

¿Con la campaña reeleccionista en puerta querrán presentar a Trump como amigo de México, a pesar de su incontinente xenofobia y la crisis humanitaria que padecen los migrantes?

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