Una oportunidad: educar a cada estudiante como pieza única

En muchas universidades han desaparecido los planes de estudios rígidos y los estudiantes yaaprenden desde casa y van al campus sólo para realizar trabajos en laboratorios, interactuarcon grupos de estudio o realizar proyectos.

 “Se debe tener en cuenta que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más peligroso de manejar, que iniciar un nuevo orden de las cosas”.

Esta cita de El Príncipe de Maquiavelo define lo que la educación superior ha vivido en los pasados dos años: esta­mos configurando el nuevo orden de las cosas. La pandemia ha significado un quiebre en la enseñanza universitaria en la que hay planes inflexibles y con escasas modificaciones y en la que los profesores dictan conferencias magistrales y dirigen el conocimiento de los alumnos. Este quiebre es LA oportunidad (a posta las mayús­culas) para adaptar con celeridad la educación superior al siglo XXI.

Las universidades hemos hablado conti­nuamente de la universidad del futuro, pero no imaginamos que ese futuro llegaría de for­ma abrupta, que lo que parecía que ocurriría en el 2030 se adelantaría y que, listos o no, tendríamos que transformarnos. En la reciente tercera conferencia sobre educación superior, organizada por la Unesco en Barcelona, fue recurrente la idea de que el futuro “nos llegó” y que frente a eso las universidades tenemos la oportunidad y el deber de hacer disrupciones en la educación superior. Debemos atrever­nos a acelerar el ritmo, dar un paso adelante y accionar.

Desde principios del siglo centenares de universidades apostaron por los MOOC. No todos le tenían fe, pero desde entonces el mercado de educación en línea no ha dejado de crecer. La pandemia 2020-2021 marcó el salto definitivo a los modelos híbridos de educación. En muchas universidades han desaparecido los planes de estudios rígidos y los estu­diantes ya aprenden desde casa y van al campus sólo para realizar trabajos en laboratorios, interactuar con grupos de estudio o realizar proyectos.

La tecnología ha facilitado la educación centrada en el estudiante y personalizada, gracias a la posibilidad de dar flexibilidad y planes de estudio más individuales. Esa es la tendencia, que cada alumno pueda customizar su aprendiza­je. Tras la pandemia las cosas han cambiado. Desde el uso del QR en los menús, la atención brindada por bots, la cultura de higiene física, mental y ambiental y tanto más son cambios que han marcado una nueva manera de vivir.

Dentro de este presente y con mirada de futuro rescato con entusiasmo el tema de la educación centrada en la per­sona. Esto que parece frase de Perogrullo, tenemos la opor­tunidad de hacerla real, de “cambiar el chip” y asegurarlo, sin perder la esencia de la vida universitaria. Podemos adaptar la universidad al siglo XXI, a la pospandemia y a un desarrollo en tecnología y avances mediáticos, robóticos, entre otros, que ofrecen una nueva manera de aprender y por ende de enseñar. La universidad por esen­cia ha de ofrecer el saber, la búsqueda de lo verdadero y la atención a cada persona, pero ahora ha de hacerlo dentro de esta nueva piel que nos ha abrazado.

Los procesos de cambio no son fáciles, pero no mutar puede llevar a la obsolescencia. Apostemos por la disrupción en la manera de enseñar, por propiciar la presencialidad para cocrear el conocimiento. Busquemos que los alumnos sean expertos en humanidad, forje­mos las soft skills, pasemos del enciclopedis­mo a la reflexión, al pensamiento crítico, a la educación en los valores universales, a servir a la sociedad, al cuidado del ambiente. Esto puede hacerse con esa trayectoria académica personal que debemos ofrecer en la educación superior, que amerita revalorar las micro credenciales, l as certificaciones, los minors y el currículo flexible. Por falta de espacio, me detengo y dejo para mi siguiente columna el tema de las hu­manidades como oportunidad para formar como pieza de joyería a los alumnos de hoy, que enfrentan y continuarán enfrentando el vertiginoso cambio de vida y las variaciones de, como tantas voces nombran, esta nueva era.

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