Tradiciones del pasado y del futuro

Antes de esta lectura, escribía unas palabras para los recién egresados del MBA. Preparar estas palabras pone en la mente la cara de los estudiantes, su primer acercamiento, los cambios que, sin duda, en estos años han tenido, la emoción familiar por este logro más que ha supuesto horas de desvelo, inversión económica, cansancio y un sinfín también de gratas experiencias. Pienso entonces en lo que significa una graduación.

Termino de leer la columna de Santiago García, Volver al futuro. De entrada, sorprende volver al futuro, me gusta. Sostiene la idea clásica de la universidad y la imposibilidad de que los ideales de la universidad sean sustituidos por la IA, a la vez de tener presente que no podemos quedarnos detrás, respondiendo a los avances tecnológicos.

Antes de esta lectura, escribía unas palabras para los recién egresados del MBA. Preparar estas palabras pone en la mente la cara de los estudiantes, su primer acercamiento, los cambios que, sin duda, en estos años han tenido, la emoción familiar por este logro más que ha supuesto horas de desvelo, inversión económica, cansancio y un sinfín también de gratas experiencias.

Pienso entonces en lo que significa una graduación. Las graduaciones y sus símbolos son una tradición. Es un festejo que une al estudiante, a la familia, a la propia universidad, a las amistades. Ponerse una toga por primera vez y portar el birrete de la maestría no son sólo símbolos que lucen, son símbolos que tienen un significado.

La toga es un traje con que se atavían los jueces, los académicos y los graduados en determinados contextos. El birrete es un tipo de gorro con forma de prisma y una borla como remate, de color del área del saber que representa. Se usa en actos ceremoniales por magistrados, abogados, jueces y la comunidad universitaria cuando se concluye un grado. En su origen, la toga era un privilegio de los ciudadanos romanos y se relacionó directamente con los abogados y jueces durante el ejercicio de su profesión. Posteriormente, en la universidad medieval, la toga —que solía ser de color negro— expresaba la gravedad y el respeto del cargo de quien la portaba y es por esto que el origen de la indumentaria o vestes académicas se remonta a los inicios de las universidades de Oxford, París y Salamanca; estos símbolos son antiguos, pero no destinados a perder vigencia, caducidad o depreciación de su valor con el paso del tiempo, sino que, al comprender su sentido y significado, se han ido consolidando como una tradición perenne.

Hoy, la innovación y la reinvención han tomado un lugar toral en toda empresa o institución, lo comparto. Estamos en una nueva era que requiere repensar lo vivido y que apremia a conjugar equilibradamente el binomio tradición-innovación.

Una institución, una persona sin tradiciones, renuncia a sus raíces a la par de que quien niega la innovación queda anquilosado en el tiempo.

Pero hoy rescato el júbilo de las graduaciones. Los dos últimos meses en la mayoría de las universidades se llevan a cabo ceremonias para dar por concluida una etapa escolar, dando pie a otra nueva etapa del proyecto vital. Una etapa que queda atrás, pero que deja huella, una etapa que comienza partiendo de lo aprendido. Son ceremonias de agradecimiento, oportunidades para reflexionar unos minutos de lo que ha pasado en un parpadeo; son momentos de unión familiar, de consolidación de amistades. No faltan las risas, como tampoco algunas lágrimas. Quienes los vemos terminar nos sentimos orgullosos de sembrar una semilla en su personalidad y en su futuro; los estudiantes con nostalgia y con la avidez de comerse al mundo no saben cómo expresarlo.

No me cabe duda, si los símbolos tradicionales de esta celebración se originaron en la época de los romanos, deseo que no tengan término por lo que significan, por lo que nos dejan. Porque, y lo digo de intento, las tradiciones expresan las raíces de nuestra existencia.

Felicito a todas y a todos los graduados, a los padres, familiares, novios o esposos que los han acompañado, a la vez que el alma se ensancha de esperanza al verlos portar con respeto las vestes académicas que comprometen a cada uno para dar lo mejor a nuestro país y al mundo.

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