Te propongo un reto

El remedio más eficaz para una persona lastimada es la cordialidad. La persona se sabe acogida en su fragilidad, gracias a que nos ponemos a su disposición simplemente porque ella es ella.

En estas navidades, en estas fechas decembrinas de tradicional pausa, reflexión y unión familiar, te propongo un reto, el reto de traer a tu hogar y tu familia este ingrediente: la cordialidad.

En artículos previos nos hemos estado acercando, haciendo esta conversación sobre la familia cada vez más pequeña, estrecha e íntima. Continuemos hoy asomando nuestra mirada al corazón de la familia y hagámoslo, acerquémonos casi microscópicamente a la conversación primigenia de una familia, encontrándonos con el matrimonio como corazón.

La Real Academia nos indica que la palabra cordialidad proviene del latín cor, cordis que se traduce como corazón, esfuerzo, ánimo (Real Academia Española, s.f., definición). Y estas tres ideas son esenciales para el sendero que recorre, día a día, un matrimonio. No hay forma que la familia sea, ciertamente, escuela de humanidad, si en los altibajos cotidianos, personales y familiares, el amor no se reviste de ánimo cordial, que así podríamos traducir, también, a la amabilidad, tan necesaria para la buena convivencia. Sirvan acá las palabras de Martí García:

La amabilidad que manifestamos a los demás es consecuencia del amor que les tenemos. […] no es del todo correcto afirmar que la amabilidad es una peculiaridad de unos cuantos; en cambio, sí lo es que la amabilidad es un objetivo a alcanzar por todos. […] De quien es dueña la persona humana en primer lugar es de sí misma; es aquí donde está su verdadera grandeza.

[…] Instalarse en la amabilidad es haberse dado cuenta de lo que es el hombre, porque éste no necesita otra cosa que cariño […]. La amabilidad es fruto de la virtud, del esfuerzo por dar a otros, lo mejor de nosotros mismos (Martí García, 2001, pp. 88 y 89).

Me parece pertinente recurrir también a otra acepción de cordialidad que el diccionario nos recuerda: el cordial era, en la Inglaterra de finales del siglo XV, un remedio que utilizaban asiduamente los médicos como tratamiento para consolar a los enfermos, y se le prescribía en pequeñas dosis para vigorizar y revitalizar el corazón, el cuerpo y el espíritu, así como para atenuar los síntomas de ciertas enfermedades.

Si nos fijamos, el remedio más eficaz para una persona lastimada es la cordialidad. La persona se sabe acogida en su fragilidad, gracias a que nos ponemos a su disposición simplemente porque ella es ella.

En el hogar auténtico, la persona no es recibida gracias a que posee tal o cual virtud, tal o cual interés o cualidad, sino es que allí está el único recinto donde la persona es acogida simplemente porque ella es.

Por esto, la familia es el lugar por excelencia donde la cordialidad debiera respirarse. Convendría estar muy atentos, casi permanentemente atentos, a fomentar y hacer crecer una cultura de cordialidad en nuestras familias.

Los actos simples de cordialidad entre los esposos, dejan huella de cariño indeleble en los hijos, y no sólo en ellos —ojo—, también en muchos amigos nuestros o de nuestros hijos que son ajenos a relaciones cordiales bajo sus techos. Y recordemos con ayuda del maestro Llano algo esencial:

Sabemos que la influencia en las personas y sus familias, así como en sus grupos comunitarios voluntarios, valiéndonos de las relaciones estrictamente personales, de amistad y de confianza [cordial], es mucho más lenta que la transformación de las grandes masas. Es más lenta, pero sin duda más efectiva (Llano, 1999, p. 98).

Así pues, las relaciones matrimoniales y familiares deben ser esas pequeñas dosis de atención y cordialidad que vigorizan y revitalizan corazones. La cordialidad es siempre puente frente a personalidades y puntos de vista divergentes, es terreno fértil para el encuentro que genera vida en un matrimonio y en una familia.

Y tú, ¿te animas? ¿te animas a estimular este rasgo? ¿a hora con hora y día a día entregar esas pequeñas dosis necesarias para que en esta misma Navidad tu hogar desprenda preciosas señales de ser un recinto de cordialidad?

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