Te deseo un año lleno de DTL
Existe una gran diferencia entre “amar” y “decidirse a amar”. Los filósofos Juan José García Norro y Miguel García-Baró, a quienes sigo en estas líneas, lo explican magistralmente. “Amar” es espontáneo y reactivo.
Hace unos días escuché un podcast que me atrapó. Mencionaron una y otra vez las siglas DTL. Yo no sabía a qué se referían, pero estaba muy cautivada y no podía dejar de escuchar. Luego todo hizo sentido, mi gusto por los contenidos se debía a que el programa era sobre el significado y las implicaciones de DTL, que significa Decision To Love o Decidirse a amar.
En este fin de año circulan por doquier mensajes de cariño y buenos deseos y yo me pregunto: ¿y si lo concientizamos más?, ¿y si hacemos del 2024 un año para vivir con decisión a amar?
Existe una gran diferencia entre “amar” y “decidirse a amar”. Los filósofos Juan José García Norro y Miguel García-Baró, a quienes sigo en estas líneas, lo explican magistralmente. “Amar” es espontáneo y reactivo. Es fuerte y emotivo, pero dura lo que dura el momento, pues depende del estímulo y se asocia al placer y al presente. Decidirse a amar, en cambio, implica una decisión, una toma de consciencia. Entra en juego nuestro más preciado bien; la libertad. Es un acto en el que intervienen nuestra voluntad y nuestra capacidad de sopesar opciones, hacer elecciones y mantenerlas con firmeza.
Corremos el riesgo de confundir el acto de decidir con el deseo o con la mera intención. El término “decisión” proviene del latín scissio,-ōnis, que significa escisión o cortadura, implica una resolución o un corte. Al decidir, del conjunto de posibilidades de acción, hay una separación, una opción que se escoge y se explora.
Para que nuestro año tenga DTL hay que conocer un poco las partes esenciales de una decisión. Primero, siempre que se decide, se decide algo, un objeto particular, un hecho representable y atractivo, algo que tiene valor para la persona, por eso suele llamarse un “bien”.
Cuando un hecho cumple estos requisitos, surge el acto de desear, pero no necesariamente una decisión. Para que llegue a serlo, ha de ser un hecho posible, realizable, en todo o en parte y, aunque existen decisiones de cambios de actitud hacia acontecimientos del pasado, es aconsejable también buscar decidirnos por objetos y hechos proyectados al futuro. Es entonces cuando tomamos una decisión, cuando ejercemos nuestra libertad eligiendo qué queremos amar y cómo.
Resta todavía por describir un elemento esencial en toda decisión: el motivo, que es la respuesta a la pregunta: ¿por qué quiero lo que quiero? Como plantea San Anselmo (De Veritate, cap. VII): «Todo acto de la voluntad es querer algo y, a la vez, quererlo a causa de algo... Por lo cual, todo acto de querer tiene un qué y un por qué; pues nada queremos si no tenemos un por qué quererlo».
Esta unión de un fin y un valor es lo que constituye la materia de la decisión.
¿Qué queda entonces del amor inmediato, el amor por un tiempo? Es más cercano al deseo, pues cuando entra en juego la decisión de amar, la racionalidad, libertad y emociones se suman y ese sentimiento es perdurable. No es un amor ideal o perfecto, pero, cuando decido amar, soy capaz de recomponer, perdonar, volver a intentar, y mantener sostenidamente la firmeza de la decisión de amar (DTL).
En este inicio de año nos hemos deseado parabienes y alegrías, mas no sabemos qué nos traerá el año. Lo que sí podemos hacer es tomar la decisión de querer y querer bien. Como criaturas hechas para amar el bien y como seres libres y anhelantes del amor, este año que comienza podemos darnos a la tarea de decidirnos a amar eso que amamos, en las buenas y en las malas.
¡Feliz 2024 y mis deseos para que vivan una gran y sostenida DTL!
