¿Se puede forjar un líder en velocidad 1.5, 2, 2.5x?
Me gustan los refranes porque éstos, propiamente dichos, son susceptibles de transmitir mucho más de lo que enuncian. Hoy he buscado muchos que se refieren a la paciencia. Me doy cuenta que sólo escribirlo me hace sentir en un carril de la Supervía, pero en sentido ...
Me gustan los refranes porque éstos, propiamente dichos, son susceptibles de transmitir mucho más de lo que enuncian. Hoy he buscado muchos que se refieren a la paciencia. Me doy cuenta que sólo escribirlo me hace sentir en un carril de la Supervía, pero en sentido contrario, porque hoy la rapidez se ha convertido en el atributo valioso de todo. Mientras más rápido puede hacerse algo, es mejor calificado. La rapidez a lo que nos ha llevado la tecnología nos ha hecho perder, incluso la noción del tiempo; sin darnos cuenta, en esta era digital parece que los minutos son eternos. Si el zapping de canales era ya un tema que representaba un “no saber estar” o permanecer serenamente frente a un canal de la TV, o mantener sintonizada la misma estación de radio, hoy escuchar un mensaje en velocidad normal es realmente una tortura, de tal forma que los desarrolladores nos hacen capaces de oír todo en 1.5, 2, 2.5 velocidades y no sé hasta dónde llegaremos con la celeridad aparentemente sin límites.
Me pasa, nos pasa, que cuando alguien tarda en explicar algo porque da el contexto, quisiéramos suplicarle que nos lo transmita siguiendo la metodología del elevator pitch, es decir, tener una síntesis tal, que pudiera captar la atención de un interlocutor durante el ascenso o descenso en elevador. La prisa con la que vivimos nos hace perder la paciencia con facilidad o aún más, eliminarla del concepto de los aportes valiosos y quiero hacerle justicia.
La recrearé con algunos refranes que con sus compuestos emblemáticos y claros tienen un rango muy especial dentro de la cultura. Encontré, y no sólo en Google, también en el Refranero mexicano de Herón Pérez Martínez, algunos que dan tela para pensar, no sólo en la paciencia, sino en la paciencia requerida para ser un buen líder en el dinamismo del mundo actual.
Sí, leíste bien, hay que forjar la paciencia —a la par de las otras habilidades de las que he escrito— si queremos conducir y guiar una familia, una empresa, un proyecto de vida, un país.
Aquí el primer refrán: “Quien quiere acertar, aguarda”. La asertividad tan necesaria en el ámbito laboral, relacionada con las habilidades de comunicación efectiva y otras competencias interpersonales, tiene que ver con los factores emocionales e intrínsecos de la personalidad. La diferencia entre las personas asertivas y las que no lo son, puede radicar en la falta de objetivos claros al comunicarse, en la falta de auto confianza y de otras habilidades, en la falta de carácter, así como de ideologías. De aquí que, para acertar, es necesario buscar los elementos suficientes, entender a las personas y la información, consolidar el pensamiento antes de opinar, tomar decisiones y llevarlas a la acción. Esto no es en un pestañeo, requiere esperar, ser pacientes.
El que sigue: “No por mucho madrugar, amanece más temprano” ¡Cuántas veces comprobado!
, respetar el ritmo y los tiempos que requieren quienes dependen de nuestras decisiones. Es la virtud que requiere prudencia, la madre de las virtudes, la virtud del gobernante.
Como las columnas son sólo “bits de información”, término con algo mucho más que un refrán o una canción, cito un pasaje del libro más leído del mundo, la Biblia, en donde en el libro de la sabiduría nos regala un texto al que no quiero quitarle nada, lo dejo para que, si quieres, lo leas y releas: “Todo tiene su momento oportuno; hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: tiempo para nacer y tiempo para morir; tiempo para plantar y tiempo para cosechar; tiempo para enfermar y tiempo para sanar; tiempo para destruir y tiempo para construir, tiempo para llorar y tiempo para reír, tiempo para estar de luto y tiempo para bailar; tiempo para esparcir piedras y tiempo para recogerlas; tiempo para abrazarse y tiempo para apartarse; tiempo para buscar y tiempo para perder; tiempo para guardar y tiempo para desechar; tiempo para rasgar y tiempo para coser; tiempo para callar y tiempo para hablar; tiempo para amar y tiempo para odiar; tiempo para la guerra y tiempo para la paz”.
Nos vemos en quince días, y “despacio que tengo prisa”…
