Reskilling, upskilling, power skills…, ¿trabalenguas de la era digital?
La inquietante pregunta de ¿cómo sólo una persona puede guiar a un centenar? llevó a Andrew Roberts, autor de varios bestsellers, a la elaboración de su libro El liderazgo en guerra, tras centenares de conferencias sobre cómo la guerra revela lo mejor y lo peor ...
La inquietante pregunta de ¿cómo sólo una persona puede guiar a un centenar? llevó a Andrew Roberts, autor de varios bestsellers, a la elaboración de su libro El liderazgo en guerra, tras centenares de conferencias sobre cómo la guerra revela lo mejor y lo peor de las personas. En su libro recorre el camino que siguieron nueve personajes para todos conocidos: Bonaparte, Nelson, Churchill, Hitler, Stalin, Marshall, De Gaulle, Eisenhower y Margaret Thatcher, mostrando las “lecciones fundamentales de quienes hicieron historia”, revelando al lector las cualidades y rasgos que condujeron a la victoria o incluso condenaron al fracaso a los líderes más prometedores.
Dentro de sus primeras conclusiones plantea el liderazgo como una cualidad en sí misma sin calificación moral, pero la finalidad que se da a ésta es la que define la conducción de centenares, miles de personas hacia cierto puerto. No estamos en este momento experimentando nuestro país en guerra, pero me ha llevado a pensar en la realidad de cómo la guerra saca la mejor y la peor versión de cada uno. Ante nuestro momento histórico, podríamos hablar de los líderes que necesitamos en tiempos de una nueva era, la era poscovid. Nadie hubiera pensado que sobreviviríamos a una pandemia con las dimensiones que presentó y con los rezagos que aún muestra, pero aquí estamos, la hemos vivido y sobrevivido en el sentido literal y en sentido metafórico. Este parteaguas en la historia llevó a replanteamientos de estilos de vida, laborales, nuevos negocios, grandes paradigmas en la educación, revaloración de los encuentros y diversos tipos de duelo. Por la proximidad histórica de la misma aún no sabemos todas sus consecuencias, pero lo que sí podemos es formarnos y formar líderes para la nueva era. Varios autores han planteado ya cuáles serían las características del líder de 2025, reforzando las habilidades conocidas previamente como son la adaptación al cambio, el pensamiento crítico, la solución de problemas, la inteligencia emocional, entre otras, pero sin contar con una pandemia entre medias.
Hoy, sin duda, podemos apreciar como tendencias en la formación de competencias o skills, ante la revolución digital, el reskilling y upskilling laboral. Las competencias o skills (conocimientos, habilidades y aptitudes) necesarias para hacer frente en la era de la transformación digital están llamadas a un upskilling para perfeccionarse y llevarlas a un nuevo nivel, o la persona requiere actualizarse y renovarse en cierto tipo de conductas en respuesta a un entorno cambiante o en el desarrollo de un nuevo rol, experimentando así un reskilling.
Las empresas, tanto públicas como privadas, han de voltear la mirada y plantear un reskilling para quienes asumen roles de liderazgo, teniendo en cuenta las competencias esenciales y prioritarias en el entorno actual, las cuales han sido denominadas power skills, porque forman el pilar del talento personal y profesional. Su denominación se atribuye al presidente de la Universidad de Dartmouth, Philip Hanlon, según lo explica Daniel Colombo en un artículo publicado en la revista Forbes en septiembre de 2022.
Las power skills son las competencias transversales más demandadas para el desarrollo de cualquier tipo de actividad, como la inteligencia emocional, la autogestión, la flexibilidad y adaptabilidad, la resolución de problemas, y hago hincapié en todas las cualidades necesarias para la competencia social, pues hacen a las personas capaces de enfrentar, conducir y preparar a quienes lideran. Elijo algunas que pueden dar tela importante, no sólo para sobrevivir, sino para adquirir una nueva forma de vida, además de que ante la sociedad han adquirido una especial exigencia: la apertura al diálogo y a las diferentes culturas, el tema de la inclusión, valor fundamental de la persona humana; ser personas que desarrollan la escucha activa, que propician el diálogo, que omiten —porque los han quitado de su mente— adjetivos que pueden provocar división o tener connotación despectiva. El pensamiento analítico e innovación que, sin prisa, pero sin pausa dentro de esta vorágine que implica el siglo XXI requieren tener el equilibrio adecuado para conjugar la creatividad e innovación con lo perenne, que como mencioné líneas atrás, va de la mano con el valor y respeto a la persona humana. Aquí surge el inconmensurable valor del líder del siglo XXI, innova, crea y, a la vez, es realista en sus límites y fiel a sus creencias.
La inteligencia emocional conlleva a la resiliencia, el manejo del estrés y el manejo de la incertidumbre. El miedo, la ansiedad y la inseguridad nos atraparon y surgen como un resfriado mal cuidado ante cualquier elemento que sale de nuestro alcance. Necesitamos serenidad y reflexión que van de la mano con el manejo emocional. Las técnicas de relajación, la solicitud de ayuda a especialistas deja de ser un tabú y hemos de saber cómo, cuándo y con quién, o a qué a acudir para tener la mente sana.
Y termino hoy con el self management, que es precedido por el conocimiento personal y nos lleva al estudio, a la autogestión de nuestro propio aprendizaje. Líderes en tiempos de guerra, líderes en una nueva era. Seamos esos líderes que hoy se requieren, que pueden conducir a cinco, diez, una docena, una centena o a millares de personas, de tal forma que podamos hacer de nuestra sociedad una sociedad justa y feliz.
