Renovar nuestra misión: un nuevo comienzo
Para que la misión sea movilizadora, debe ser práctica, operativa, viable y relevante. Esto exige revisarla periódicamente, adaptar su comunicación y ajustarla a las circunstancias cambiantes. Hay misiones que son atemporales, como educar a los profesionales del futuro, mientras que otras pueden volverse obsoletas o inalcanzables.
El inicio de un nuevo año nos brinda una valiosa oportunidad para plantearnos propósitos, renovar con ilusión nuestras metas y soñar con un futuro que, en el misterioso devenir del tiempo, comienza a forjarse.
Entre los propósitos que no pueden faltar, especialmente para quienes trabajamos en el ámbito educativo y nos dedicamos a su dirección y gestión, está reflexionar sobre cómo llevar a cabo con excelencia la noble y desafiante tarea de educar. Es imprescindible repensar el liderazgo que necesitamos para guiar exitosamente nuestras instituciones.
Clark Kerr, quien fue rector de la Universidad de California, durante nueve años, afirmaba que quien lidera una universidad debe reunir un amplio y variado conjunto de habilidades: ser amigo de los estudiantes, colega de los profesores, administrador serio ante el Consejo Social, buen orador para el público, negociador hábil con la administración, político ante el gobierno local, aliado de la industria, diplomático con los donantes, representante ante la prensa, intelectual o científico, entusiasta tanto del futbol como de la ópera, y, sobre todo, un ser humano decente. Además, debe disfrutar viajar en avión, comer en público y participar en ceremonias sociales —por si fuera poco—.
Aunque es difícil abarcar tantas destrezas, sólo enumerarlas nos deja sin aire, todas pueden sintetizarse en dos capacidades fundamentales: pensar y hacer. Un buen líder combina la reflexión con la acción: el pensamiento especulativo le permite comprender la singularidad de la organización, mientras que la orientación a la acción le faculta para decidir estrategias, administrar recursos y coordinar equipos profesionales. Como decía Carlos Llano, hacer más y mejores cosas requiere no sólo saber más, sino, sobre todo, perfeccionar la capacidad de actuar. El error más grave del líder no es la ignorancia, es la falta de realismo; no saber aplicar el conocimiento en la práctica.
En esta reflexión, es esencial volver al propósito que nos impulsa, pues no hay liderazgo sin una causa que movilice al equipo. Y no todas las misiones tienen la misma fuerza o capacidad de perdurar. Un líder acertado vislumbra con claridad el punto de llegada, entiende que el camino será largo y difícil, pero también sabe que una meta poderosa e inspiradora le permitirá superar los obstáculos. Así, el propósito corporativo se convierte en un requisito indispensable para liderar con éxito.
Es necesario detenernos a reflexionar sobre el propósito que nos mueve. La “frenética actividad” puede ser un obstáculo para recordar la misión universitaria. Ahora que iniciamos un nuevo curso, es el momento de redescubrirla, compartirla con quienes colaboran en este proyecto, y reafirmar su razón de ser. Es el momento de distinguir la excelencia de lo meramente aceptable o prescindible, de esclarecer los principios que no estamos dispuestos a comprometer, y de definir los objetivos estratégicos que deseamos alcanzar. Un propósito corporativo bien formulado y expresado con claridad actúa como una brújula: señala la meta, une al equipo, motiva en los momentos difíciles y orienta el camino.
Sin una misión clara y actualizada, cualquier organización pierde el rumbo, incapaz de avanzar con coherencia. Para que la misión sea movilizadora, debe ser práctica, operativa, viable y relevante. Esto exige revisarla periódicamente, adaptar su comunicación y ajustarla a las circunstancias cambiantes. Hay misiones que son atemporales, como educar a los profesionales del futuro, mientras que otras pueden volverse obsoletas o inalcanzables.
El inicio de un nuevo año es una ocasión propicia para reflexionar, reenfocar y revitalizar nuestra misión. Estrenar agendas con el propósito de renovar nuestros ideales es una oportunidad que, sin duda, puede hacer de 2025 un año mejor y lleno de logros significativos.
