¿Puede un gato enseñar a volar a una gaviota?

La gaviota conmovida le comunica un acontecimiento y pide una promesa: “Pondré un huevo y te pediré tres cosas: no te lo comas, cuídalo y enséñalo a volar”. El gato, con o sin consciencia de lo pedido, asiente al ver la agónica situación de su nueva compañera.

Quizá hayas leído esta novela de Luis Sepúlveda, yo suelo leerla y releerla cuando inicia el curso escolar, donde el reto de enseñar se acerca y ahora ese reto ha pasado a convertirse en una verdadera aventura. Tenemos una tarea más difícil que ser un gato que enseña a volar a una gaviota, nos toca enseñar a jóvenes hiperinformados, de tal suerte que los conocimientos no serán, como lo fueron años atrás, el arma que nos pone delante en el aula. A los conocimientos hoy se accede con un clic y pueden armarse incluso con sentido a través de los algoritmos que utiliza la IA. éste es nuestro momento, no hay otro y esto lo hace apasionante.

En esta corta y elocuente novela a la que me refiero, una gaviota se ve obligada a detener su vuelo a Hamburgo, con miles más como cada temporada. Una mancha negra en el mar le impide volar y llevar a cabo ese viaje hermoso propio de su especie, queda “enganchada” en tierra. Tras variados esfuerzos y aun ganando algo de altura, el movimiento de sus alas no logra hacerle despegar; sus plumas pegadas a la rabadilla, prisioneras por el espesor del petróleo, la dejaron en tierra volando bajo y sólo pudo alcanzar una torre hamburgueña donde regodeándose estaba quien sería su gran maestro: un gato gordo, negro, grande, sorprendido por ese objeto volador que le había caído tan de cerca.

Pronto entraron en un diálogo animal y humano, sí, lo escribo a posta, la novela da palabras a estos animales que los hombres podemos y debiéramos dar. La gaviota sabe que va a morir y quiere dejarse morir ante su fallido sueño de tocar el cielo y el gato con la ternura de quien comprende el fracaso, la anima a darse un descanso, comer un poco, reponerse, rehacerse. La gaviota conmovida le comunica un acontecimiento y pide una promesa: “Pondré un huevo y te pediré tres cosas: no te lo comas, cuídalo y enséñalo a volar”. El gato, con o sin consciencia de lo pedido, asiente al ver la agónica situación de su nueva compañera. Nervioso acudió con Sabelotodo, otro gato, en busca de un consejo.

Pudo distinguir la especie, argentada, de la gaviota. Volvió y la  encontró muerta. Con respeto la enterró y vio que ella cumplió lo pactado: dejó un huevo…ahí estaba el objeto de sus promesas y se dio a la tarea. No sigo los detalles porque quisiera que leas esta pequeña historia. El huevo siguió su desarrollo y al abrirse, un “mami” dirigido al gato envolvió el lugar. Él y sus amigos se dedicaron a educar a la pequeña gaviota a quien llamaron Afortunada. Afortunada quería maullar, quería andar a cuatro patas, quería portarse como un gato; pero graznaba, caminaba a dos patas y sus alas la instaban a volar. Tarea complicada que 17 veces intentó hacer sin éxito.

¿Cómo lograron estos felinos que la gaviota volara? No lo lograron y acudieron a un humano, un buen hombre, que aturdido ante estos animales con los que podía comunicarse, se prestó y dio con la solución. La gaviota no sabía volar porque no sabía que estaba hecha para volar. La puso en contacto con el agua de la lluvia. Afortunada se sintió feliz ¡me gusta! Y el hombre continuó: “Como gaviota tienes muchos motivos para ser feliz, el agua, el viento, el sol”…El contacto con “lo que la hace feliz”, porque “está hecha para eso”, llenó a Afortunada de un nuevo y desconocido sentimiento, su identidad.

Esta situación identitaria rompió todos los tabús que le impedían volar. Su querido cuidador, el gato, le gritó: “Abre las alas, siente el aire, mira al sol” y Afortunada empezó a volar, todo el cielo era suyo. Voló y no volvió, estaba hecha para grandes cruzadas entre las nubes del cielo.

Ante un nuevo curso académico, deseo que nuestros alumnos reafirmen su aspiración a volar, no con alas, pero sí con la inteligencia, con su disfrute del saber; que desplegando sus capacidades descubran lo que están llamados a ser.

Y veremos a esta juventud volar mucho más lejos que nosotros. ¡Feliz inicio de curso!

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