¿Por qué nos cuesta descansar?

Por una parte, el origen del fenómeno está en la vorágine del mundo moderno, la preocupación por alcanzar resultados, metas, éxitos y la competencia con uno mismo y con los demás.Esta tensión es premiada y valorada en salarios y ascensos, lo que nos lleva a ser personas que sienten culpa por descansar.

En muchos ámbitos laborales se acercan los esperados días de descanso y las vacaciones. Estos periodos son ahora especialmente deseados, pues, para muchos, han sido largamente postergados por la pandemia de covid-19.

Sin embargo, a pesar del deseo de descansar y recuperar fuerzas, existe un curioso fenómeno, y es que no sabemos descansar. En una rápida búsqueda en internet aparecen en medio segundo cerca de 13,400,000 resultados de páginas, libros y ensayos relacionados con el descanso y el cansancio.

Entre estos, figuran: Aprende a descansar, de Juan Hernández; Aprendiendo a vivir el descanso, de Fernando Sarráis; Descanser, descansar para ser, de José María Toro; El arte del descanso, de Seiji Nishino, y La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han, este último quien, a mi parecer, describe de manera extraordinaria lo que viene sucediendo en esta nuestra sociedad cansada.

¿Por qué hemos olvidado cómo descansar? Existen muchas teorías, pero me quedo en esta ocasión con dos reflexiones:

Por una parte, el origen del fenómeno está en la vorágine del mundo moderno, la preocupación por alcanzar resultados, metas, éxitos y la competencia con uno mismo y con los demás. Esta tensión es premiada y valorada en salarios y ascensos, lo que nos lleva a ser personas que sienten culpa por descansar. El descanso parece una debilidad y sólo la productividad es sinónimo de valor. Hemos integrado a nuestra manera de vivir la noción de que el hacer está por encima del ser, por lo que nos la pasamos actuando, atendiendo muchas tareas a la vez (el llamado multitasking) y estamos permanentemente imantados a los ordenadores y las pantallas. Queremos terminar, pero no logramos estar al día. La tensión, la frustración, el estrés y la prisa se apoderan de nosotros. Nos sentimos encadenados al trabajo, que parece una carrera sin meta y, a la postre, cobra facturas físicas y afectivas irremediables.

Por otro lado, está también el miedo al ocio. El término “ocio” proviene del latín otium, que significa reposo. Según el Diccionario de la Real Academia Española, el ocio es el tiempo libre, fuera de las obligaciones y ocupaciones habituales. Se trata de tener un espacio en un tiempo libre, un tiempo en el que yo elijo a dónde dirijo mis fuerzas. El ocio, por tanto, requiere recuperar la calma interior, dejar de lado el nerviosismo y la avaricia de tiempo, salir de nosotros y renunciar a la noción aspiracional del siglo XXI que ha puesto como persona perfecta a aquella que trabaja y no se detiene.

Ante todo esto, ante la sociedad acelerada y el desencuentro con uno mismo, debemos esforzarnos por recuperar el justo medio. Hace falta que la persona que corre sin detenerse se transforme y pase a ser simple y ricamente una persona que goza, que disfruta, que contempla, que reza.

Listé algunas de las actividades que considero apremiantes y a las que nos podemos dedicar estas semanas que han llegado. Levantemos la mirada de la pantalla y busquemos otras miradas. Necesitamos desconectarnos para conectar con ese otro que nos espera. Por la pandemia, tenemos deuda de encuentros con familiares y amistades, y éste es un excelente momento para retomar.

También es la ocasión propicia para conectar con nosotros mismos: meditar. No temamos a hacerlo, ese equilibrio de nuestra mente con nosotros mismos nos ubica y nos lleva a escuchar lo que el ruido ahoga.

Rezar, saber quiénes somos y hacia dónde vamos y saber que no estamos solos en este caminar. Esto nos produce una paz, esa paz ardientemente anhelada y frecuentemente secuestrada por nosotros mismos.

A disfrutar de la vida, de los sentidos, de las funciones psíquicas internas, como la imaginación, el pensamiento y la memoria. ¡Cuántas cosas se encuentran al cortar, sin culpas, con la tarea ordinaria!

Continuaré pronto hablando de este tema, pues es tan importante como lo es el trabajo en sí mismo, pero cierro deseando que te adentres a la aventura de escapar de tus propias redes y ser cada día más tú. ¡Felices vacaciones.

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