Libertad y religión: dos caras de la misma moneda
Qué relación tiene la libertad con la religión? ¿Por qué históricamente se les ha vinculado estrechamente? Se pueden dar dos respuestas a esta interrogante: una político-jurídica y otra antropológica. Desde el aspecto político-jurídico, la llegada de las democracias occidentales trajo como consecuencia la redacción de los primeros textos constitucionales....
En los últimos años, el mundo ha visto un creciente interés en el estudio de las religiones, también como fenómenos sociales. Derivado de ello, encontramos un aumento de investigaciones orientadas al análisis de la religión desde distintas disciplinas, como la sociología, el derecho, la ciencia política y la antropología. A pesar del impulso secularizador heredado de la Revolución Francesa, lo religioso sigue siendo un tema de gran interés para los académicos y pensadores del siglo XXI.
- Por otro lado, las grandes migraciones, tanto estables como temporales, generadas por el comercio colonial y, posteriormente, por la globalización, han propiciado un intercambio cultural de gran diversidad. Este intercambio ha llevado al enaltecimiento de las autodeterminaciones individuales como medio para potenciar la prosperidad de la raza humana. La pluralidad religiosa fue, así, pionera para el establecimiento de la libertad como derecho; permitiendo que, sin importar las características extrínsecas o intrínsecas de la persona, pudiera desarrollarse de la mejor manera posible. En este sentido, se puso en el centro del debate público esa capacidad del individuo que, en una de las acepciones de la RAE, se define como la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra —por lo que es responsable de sus actos.
¿Qué relación tiene entonces la libertad con la religión? ¿Por qué históricamente se les ha vinculado estrechamente? Se pueden dar dos respuestas a esta interrogante: una político-jurídica y otra antropológica.
Desde el aspecto político-jurídico, la llegada de las democracias occidentales, cimentadas en textos que enaltecen los derechos y las libertades de las personas, trajo como consecuencia la redacción de los primeros textos constitucionales. Estos textos, sin distinguir su carácter de ley suprema o programa político, privilegiaban que la persona pudiese decidir libremente el ejercicio de su religión y la forma que considerara más adecuada para rendir culto a la divinidad, comprendiendo que era un espacio íntimo que el Estado no podía invadir. Con el paso del tiempo, esta libertad, que nace del fenómeno religioso, se amplió a la profesión de convicciones de todo tipo. Esta dimensión político-jurídica se encuentra presente en prácticamente todas las constituciones del mundo occidental, considerándose uno de los valores fundantes del Estado constitucional de derecho, al cual nuestro país no es indiferente.
El aspecto antropológico ve este fenómeno desde la perspectiva de la naturaleza de la persona. Aunque está íntimamente ligado al aspecto político-jurídico, es anterior a éste en el tiempo. Al ser un tema íntimamente ligado a la naturaleza de la persona, tenemos muchísimos ejemplos en los cuales esta libertad ha sido defendida incluso antes que cualquier ley o norma. Es algo intrínseco a su dignidad: esa capacidad en la que el individuo se autodetermina en todos los aspectos de su vida. Se puede decir que es tan natural al hombre que su materialización en la sociedad no requiere de reconocimiento alguno por parte de una autoridad superior.
También desde el plano antropológico —idea que, por mucho, excede las posibilidades de estas líneas— es importante hacer notar que la religión, además, constituye tanto una vía espiritual como un marco moral y ético para el ser humano. A través de ella, las personas encuentran respuestas a preguntas existenciales y una guía para enfrentar los desafíos de la vida. La religión brinda propósito y dirección. Este aspecto espiritual es tan esencial como la libertad misma, ya que ambas se entrelazan en la búsqueda del ser humano por una vida plena y significativa.
- En este contexto, observamos que ambos fenómenos son, en esencia, dos caras de la misma moneda. La libertad no sólo es fundamental para el ejercicio pleno del culto, sino que también es crucial para las cuestiones que configuran la cosmovisión de una persona. Así, la libertad se erige como un pilar indispensable tanto para la vida espiritual como para la participación plena en la vida comunitaria y social.
