Humanidades, eje central de la agenda educativa
La filosofía, la historia, el arte y la literatura interesan y gustan porque hablan de la vida, de quiénes somos y de por qué el mundo es como es, y nos ayudan a desarrollar el pensamiento crítico y expandir nuestros horizontes culturales y vitales.
En mayo, en Barcelona se llevó a cabo la Tercera Conferencia Mundial de Educación convocada por la Unesco. Asistimos cerca de 2,000 personas del ámbito educativo (algunas presencialmente y muchos miles más de manera remota). En la instancia, se presentó la hoja de Ruta para la Educación Superior hasta el 2030 que busca prioritariamente apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible formulados por la Organización de las Naciones Unidas.
En más de una mesa, recuerdo, se reiteró este mensaje: la necesidad de imbuir de humanismo a las universidades. Esto no es accesorio o casual, sino que responde a este mundo pospandemia, con recesión económica, guerra, rezago educativo y dificultades afectivas y emocionales de la población, y responde a que estamos en una sociedad profundamente impregnada de utilitarismo, donde lo valioso se confunde con lo útil.
Para enfrentar este segundo y tercer decenio del siglo XXI requerimos una educación centrada en la persona y que parta de la persona. Es en la ciencia humanista en donde podemos encontrar recursos para profundizar en los problemas existenciales, esos donde los protagonistas son los estudiantes y para, cabalmente, cumplir con el fin de no sólo formar profesionales, sino formar profesionales integrales y con conocimiento de diferentes saberes.
Hemos de despertar la curiosidad y posteriormente el aprecio por la historia, la cultura y las grandes preguntas del hombre. Y es que la filosofía, la historia, el arte y la literatura interesan y gustan porque hablan de la vida, de quiénes somos y de por qué el mundo es como es, y nos ayudan a desarrollar el pensamiento crítico y expandir nuestros horizontes culturales y vitales.
A mí no se me ocurre un regalo mejor para los estudiantes y su crecimiento personal, que fomentar en ellos el amor por las Humanidades. Mariano Fazio, en su entrevista para la revista Alfa&Omega planteaba sobre la literatura lo siguiente: “La gran tradición de la literatura occidental, la de los clásicos, presenta los valores que están en el fondo del corazón humano. Leyendo estos grandes libros uno descubre que hay bien y mal –cosa que la cultura contemporánea a veces encubre–; que hay verdad y mentira; que hay belleza y fealdad, y que es mucho mejor optar por el bien, la verdad y la belleza. Y todo eso lo cuentan en una narración amena que puede penetrar mejor en la cultura contemporánea”.
Los profesores universitarios hemos experimentado que entrar en esos temas es tocar lo más profundo. Las clases se enriquecen cuando entramos a lo que hay en los corazones y en la vida del ser humano. Esto no hay bot que lo resuelva, esto no se encuentra en la red. Sin humanidades somos menos hombres y menos mujeres, y lo propio es el deseo de ser más humanos. En este empeño por desarraigar el humanismo, la universidad pierde su propio ethos, su esencia y el fin de la universidad pasa a ser formar técnicos especializados, lo que empobrece la sociedad.
Si consideramos que el fin último de la universidad es la búsqueda de la verdad, entonces le daremos importancia a la formación en historia, arte, literatura y lectura de clásicos y gestaremos un core curriculum que busque la excelencia académica y ofrezca formación integral. El resultado enriquecerá a la sociedad, pues quien domina el oficio y a la par discierne el bien del mal, se esfuerza por trascender y entrega un cariz especial.
Hoy las universidades debemos perseguir la agenda de educación, buscar los ODS, integrar la sostenibilidad, impulsar el servicio a la sociedad, promover el acceso a la educación, la interdisciplinariedad y el respeto a las diferencias. Es desafiante lograr todo esto, pero es factible, pues existe un elemento unificador y que lo potencializa todo: el estudio atractivo y profundo de las humanidades.
Hagamos de nuestros estudiantes verdaderos “universitarios expertos en humanidad” y así estos brindarán a la sociedad el humanismo que se requiere para hacer del mundo un mejor lugar para vivir.
