¿Evasión o descanso?

Hemos normalizado la sensación de que estamos ocupados, no paramos, tenemos pendientes inacabables y necesitamos un buen descanso

¿Cuándo fue la última vez que te quejaste de cansancio? Es posible que no hace tanto, pues hoy es frecuente que se nos escapen comentarios como “qué fatiga, no puedo esperar el fin de semana, tengo mucho trabajo” y un largo etcétera.

Hemos normalizado la sensación de que estamos ocupados, no paramos, tenemos pendientes inacabables y necesitamos un buen descanso.

¿Por qué? El filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul-Han explica que estamos conduciéndonos a una sociedad del cansancio. Nuestros días transcurren en una aceleración constante que produce hiperactividad y agotamiento y nos encontramos oprimidos por dos fuerzas: una externa que parece obligarnos a trabajar y producir y una interna por la que nos autoexplotamos y autoexigimos.

Sabemos trabajar, lo hemos aprendido. Sabemos desafiarnos, esforzarnos, alcanzar metas y luchar por objetivos. El trabajo agotador lo conocemos y conocemos también su consecuencia: el cansancio, el hartazgo, la molestia.

En cambio, sobre la necesaria y deseada tarea del descanso sabemos poco. No forma parte del ecosistema, por lo que hemos de buscarla y redescubrir su verdadero sentido.

Uno de los referentes culturales más importantes que tenemos del tema nos viene desde los griegos, para quienes el descanso es ocio, siendo éste un pilar de la formación del ciudadano y su moral, un aspecto crucial en la vida pública, pues brinda la oportunidad de reflexionar, pensar en lo importante, educarse y hacer de uno mismo una mejor persona.

Para ser más explícitos, sirva esta imagen: para los griegos no sería correcto pasar la vida trabajando, pues eso es cosa de los esclavos. Al contrario, las personas libres necesitan de ocio para pensar en lo más importante y cultivarse. Así, se nos presenta ese cariz: el verdadero descanso es un buen uso de nuestra libertad, pues nos brinda la oportunidad para contemplar y crecer.

Para contemplar, pues nos permite detenernos a analizar aquello que cotidianamente no llama nuestra atención y nos motiva a dejarnos sorprender y vivir el asombro.

Y para crecer, pues la palabra griega que significa “ocio”, es también la raíz de la palabra latina schola, que ha dado origen a “escuela”. En el descanso brota la mirada que propicia la curiosidad y el deseo de entender el mundo, y es también el momento para conectarse con la historia, mirar hacia el interior y juzgar el camino recorrido. En una palabra, reflexionar, flexionarse sobre sí mismo. ¿No es allí, en ese descanso, en donde comienza la filosofía y en donde las religiones indican que se descubre la acción de Dios en la vida de los hombres?

Desde ese punto de vista, el historiador estadunidense Jacob Neusner en su libro Un rabino habla con Jesús, reflexiona que el descanso es más que un requisito legal, es un modo de parecerse a Dios, un asunto de religiosidad personal.

Por su parte, el papa Francisco en la audiencia general del 5 de septiembre de 2018 describe que la vida actual se centra en diversiones y vacaciones, que los verbos que rigen son ganar, divertirse, entretenerse y satisfacerse. En este contexto, el descanso está en la evasión, en buscar afuera cuanto se requiere adentro. Encontramos, así, que existe hoy más oferta de entretenimiento que nunca y, sin embargo, crece paralelamente el vacío existencial y el descontento.

¿Entonces qué sí es el descanso? Quizás una clave de interés la encontremos en el Génesis: cuando Dios cesó de crear, vio su obra, vio que era buena y descansó. Es decir, el día tiene horarios para trabajar y para dejar de hacerlo. Si ya hemos concluido, descansemos y miremos la realidad con alegría y con celebración.

Otro elemento, ya lo mencionábamos, es que el descanso no hay que buscarlo fuera, pues en esas instancias nos entretenemos, nos divertimos, pero no descansamos. El verdadero descanso inicia por dentro, se da al acoger la propia historia, apreciarla y agradecerla.

El descanso se hermana con la paz y la serenidad. Se trata de estar presente y, procurar cumplir con la máxima del autor espiritual contemporáneo Josemaría Escrivá de Balaguer: “Haz lo que debes y está en lo que haces”.

Soy una convencida de que existe una relación cercana entre el descanso y la gratitud. Creo que el verdadero descanso está en agradecer a la vida, esa vida real con sus aciertos y fracasos, esa, nuestra historia, que está llena de detalles cotidianos, personas y maravillas que descubrir.

Aprendamos a descansar, brindémonos ese regalo a nosotros mismos. Aprovechemos estos días para sentarnos y revalorar el auténtico descanso que está detrás del ocio, de ese supuesto “no hacer nada”. Miremos, agradezcamos y sonriamos. Ese descanso sí que descansa.

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