¿Es posible mantener el centro en la persona en la educación a distancia?
Por sus características, la educación online genera algunas oportunidades y riesgos. En el espectro positivo, permite mayor accesibilidad, impulsa las rutas de estudios más flexibles y entrega una gran oferta de recursos
En el último año, la virtualidad conquistó terrenos propios de la presencialidad. En la educación, ese terreno es gigantesco y a instituciones como la nuestra, nos preocupa mucho esta pregunta: en la educación a través de la pantalla, ¿es verdaderamente posible no perder el foco en la persona?
Por sus características, la educación online genera algunas oportunidades y riesgos. En el espectro positivo, permite mayor accesibilidad, impulsa las rutas de estudios más flexibles, entrega una gran oferta de recursos y estrategias que favorecen el aprendizaje y fomenta competencias como automotivación, resiliencia y disciplina.
Igualmente, puede atraer algunos riesgos, como la eventual despersonalización del acto formativo, el cansancio y el trabajo extra y el posible descuido de elementos básicos de la comunicación por aspectos técnicos.
Conviene, por tanto, aprovechar las bondades naturales del medio, y a la par evitar la inercia que pudiera llevarnos a perder aspectos importantes. En ese sentido, existe mucha literatura que soporta y justifica que la educación en línea puede ser personalizada, siempre y cuando se ponga en práctica una serie de estímulos y esfuerzos. Se necesita, en pocas palabras, intencionalidad y trabajo duro.
En esa conquista, prima lo académico, pues se debe garantizar una plataforma institucional que apunte en la línea deseada. En nuestro caso, creamos un comité que integró las áreas de tecnología, innovación educativa y pedagogía en pos de un gran proyecto: la transición del modelo del formato presencial al online, y que ahora, de hecho, capitanea los detalles finales de la adopción del modelo híbrido.
Ese grupo de profesionales ha de estudiar tendencias, metodologías, herramientas y plataformas para tomar las mejores decisiones y ha de armar programas de capacitación para profesores. Además, con ayuda de la parte tecnológica, este grupo debe asegurar las infraestructuras y condiciones materiales para facilitar las clases, la escucha, el diálogo y la fluidez.
En segundo lugar, los profesores deben ser capacitados en docencia online y esforzarse por reinventar sus clases para hacerlas más dinámicas, vertiendo continuamente metodologías activas, como flipped classroom, aprendizaje basado en proyectos o aprendizaje colaborativo. Además, en la formación entre pantallas cada profesor debe esforzarse más por alejarse del rol de autoridad intelectual y buscar ser un consejero o coach, para crear en cada sesión diálogos reales entre los alumnos.
En tercer lugar, hoy más que nunca los coordinadores académicos y el claustro de servicio deben ser rápidos y responsivos, para que los alumnos nos sientan presentes. Igualmente, los asesores universitarios deben acompañar a los estudiantes en los desafíos que atraviesan, y motivar que piensen en sus proyectos de vida y aspiren ser agentes de cambio.
Además, claro, precisamos de los alumnos. Como plantean Rayens y Ellis, en este formato los estudiantes deben buscar ser dueños de su aprendizaje, más que inquilinos de cada clase, pero en ello, convengamos, tomamos rol y parte, pues esa actitud se gesta en gran medida por nuestro impulso.
Una clave final que daría sería el medir. En nuestro caso, damos seguimiento continuo a través de las métricas de capacitaciones y las evaluaciones a profesores y asesores universitarios. Para poder abordar el desafío, agregamos a la tradicional evaluación docente una serie de medidores sobre el dinamismo de las clases y la entrega de los docentes en el formato a distancia. En esta evaluación notamos, felizmente, una mejor ponderación en la actualidad que en periodos previos a la pandemia.
Así, los alumnos pueden ser, también en el formato online, el centro de cada clase, pero es necesario juntar muchas voluntades. Esto se construye, pero a pulso, juntos y en el afán de cada día.
