¿Es de fiar un líder optimista?

No obstante, existe una línea delgada entre el optimismo genuino y la ignorancia de los desafíos reales. Es crucial que el optimismo vaya acompañado de realismo y una sólida comprensión de los desafíos y limitaciones. Un líder debe equilibrar la visión positiva con la capacidad para abordar problemas concretos y tomar decisiones informadas

Recientemente, al evaluar candidatos para un cargo directivo, me encontré con un perfil muy bueno. Además, fue el mejor calificado. Aunque cumplía sobradamente con los requisitos, un comentario del evaluador me hizo reflexionar. Señalaba que, dado su carácter optimista, podría tardar en ganarse la confianza de su equipo.

Esta observación me hizo mella, pues a menudo he notado cierto escepticismo hacia las actitudes optimistas, considerándose poco realistas. Pronto aparecen miradas suspicaces. Sin embargo, ante el dicho “piensa mal y acertarás”, siempre suelo cambiarlo por “piensa bien y acertarás”. Y es que prefiero ser confiada y engañada que optar por la sistemática desconfianza.

  • En mi experiencia liderando equipos he encontrado que una perspectiva optimista ha sido fundamental para el éxito y la visión a futuro. Hace unos meses, el doctor Santiago García, también columnista de este periódico, compartió una reflexión interesante y vinculada con lo que ahora refiero. Señalaba que, mientras que las opiniones pesimistas suelen asociarse con la inteligencia y el pensamiento crítico, las optimistas a menudo se perciben como ingenuas o idealistas, especialmente en un entorno crítico por naturaleza.

Alfonso Sánchez-Tabernero, en su libro Gobierno de Universidades, aborda un tema similar en el capítulo sobre liderazgo alentador. Destaca que un líder inspirador no sólo se basa en el talento de su equipo, sino también en la pasión y el entusiasmo con los que abordan sus tareas. Para iniciar, continuar y concluir con éxito un proyecto, es esencial mantener una actitud de esperanza y optimismo.

Esto implica conocer de fondo al ser humano, que si bien posee motivaciones intrínsecas, responde con facilidad a las extrínsecas cuando la visión de futuro, que parte de un presente realista, descubre las aristas posibles ante las situaciones per se y realmente negativas, pero con un toque de optimismo se impulsa con ilusión. Me explico con más detalle en las siguientes líneas.

La confianza en el liderazgo no sólo se basa en la competencia técnica. También es necesaria la capacidad de inspirar y motivar. Los líderes con una actitud optimista suelen crear un ambiente de trabajo más positivo y estimulante. No obstante, existe una línea delgada entre el optimismo genuino y la ignorancia de los desafíos reales. Es crucial que el optimismo vaya acompañado de realismo y una sólida comprensión de los desafíos y limitaciones. Un líder debe equilibrar la visión positiva con la capacidad para abordar problemas concretos y tomar decisiones informadas.

  • Me parece que parte de la confusión radica en que se equipara el optimismo con la complacencia o la negación de los problemas. Al contrario, un líder optimista reconoce los desafíos, pero se enfoca en encontrar soluciones y oportunidades en medio de las dificultades. Esta actitud fomenta la resiliencia y la adaptabilidad, tanto en el líder como en su equipo. También impulsa la innovación, vital en el ámbito empresarial y académico, donde la flexibilidad y la creatividad son esenciales para el éxito y la relevancia a largo plazo.

Me atrevo a decir que, ante un mundo como el que vivimos, es mucho más simple detectar lo oscuro, lo turbio; eso salta a primera vista. Sólo la perspectiva amplia advierte, a la par de la realidad enferma, la medicina que puede sanar. Y no sólo la medicina, sino también los médicos —permítaseme la analogía de la medicina con los líderes— que buscarán con ahínco la receta adecuada porque no trabajan para un proyecto muerto, sino para uno que vive.

Queridos lectores, no caigamos en el engaño del pesimismo, aunque esté de moda. Refleja miras cortas, aunque luzca bien. Porque, aunque “la mona se vista de seda, mona se queda” y en este caso la mona es el pesimismo. Los líderes alentadores son quienes realmente pueden “mover la aguja” en las instituciones, en la sociedad, en el país.

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