Empiezan las fiestas…
Nuestro México ambivalente: pueblo que ha luchado, que ha sufrido. Pueblo que sabe del dolor y puede enfrentarlo solidariamente, e incluso, puede hablar de éste con tintes de buen humor; pueblo que valora y refleja el aliento del canto, el colorido, las risas.
“El jugar ha sido considerado desde tiempos antiguos como un cierto símbolo del vivir. El lenguaje está lleno de referencias que lo atestiguan. Así, la fiesta —la vida en su esencia— es un cierto juego; se juega uno la vida en esto o aquello; se pone en juego la fortuna; en diversos idiomas hacer sonar la música —una profunda expresión de la vida— se dice jugarla; no entrar en un negocio o asunto cualquiera es ‘no entrar en ese juego’; se da el juego del amor —nuevo término que esencializa la vida—; el juego político; hacer teatro y liturgia es un juego —la vida como representación—…” (Rafael Alvira).
El juego es símbolo y representación de la vida, porque sintetiza sus elementos esenciales. Todo juego —igual que la vida humana— supone esfuerzo, riesgo y aventura. Además, tanto las fiestas como el juego facilitan el descanso, porque brindan cierto sentido de novedad, permiten salir de la rutina y de la soledad al favorecer el diálogo en la celebración de acontecimientos comunes, fortaleciendo el sentido de pertenencia.
Si bien este 16 de septiembre no nos da un “puente” en el calendario, sí nos da motivos para celebrar ¡las fiestas patrias! Y ¡qué momento para festejarlas! Los titulares de prensa y noticias de estas pasadas semanas dirigen nuestra atención al presente y futuro de nuestro México; las redes acaparan noticias de toda índole; parece que empieza una carrera de diez meses en que los nos focalizaremos en saber quién corre más y quién corre mejor.
No entraré en los detalles del momento de inicio de campañas electorales, pero me es imposible separarme del todo. Como escribí al principio, la fiesta es en cierto modo un juego, y todos los mexicanos nos jugamos mucho diariamente; participamos en un juego que nos compromete. A diferencia del mero sentido lúdico, nos jugamos uno de los amores más nobles a los que tiende el corazón: nuestra patria.
Nuestro México ambivalente: pueblo que ha luchado, que ha sufrido. Pueblo que sabe del dolor y puede enfrentarlo solidariamente, e incluso, puede hablar de éste con tintes de buen humor; pueblo que valora y refleja el aliento del canto, el colorido, las risas. Ésta es una de nuestras mayores riquezas: saber sufrir y gozar, saber compartir celebraciones y penas; es así —como dice la canción— como llevamos a México en la piel.
Nuestro México de norte a sur se hermosea con diferentes colores, climas, entornos naturales, gastronomía, danzas, música y variopintos tonos de piel; es un mosaico de tradiciones y costumbres. Dejamos ver en nuestro porte lo más profundo de la mexicanidad: el mestizaje que fundió dos culturas para forjar la cultura mexicana, de gran riqueza humana y cultural.
México es conocido a nivel mundial por su carácter festivo. En este mes reluce la citada “teoría del juego”, que incluye las fiestas como una de sus manifestaciones. El juego, considerado en su sentido original, es altamente significativo para la vida de personas y pueblos siendo un conjunto de actividades compartidas, capaces de fomentar la creatividad y promover el desarrollo humano en diversos órdenes.
En esta temporada de fiestas, además de disfrutar las celebraciones, podemos reflexionar y comprender el sentido profundo de los fenómenos que están en la base de la vida cotidiana del hombre, de su cultura y su actividad creadora: ¿qué significa una ciudad, un pueblo mágico, una calle, un claustro, una casa, un castillo, una zona arqueológica?, ¿por qué encierra un valor simbólico la inauguración de una red vial?, ¿de dónde brota la luminosidad y color de las celebraciones, la armonía de la música, la belleza de la danza, el entusiasmo de la interpretación?
Valorando la cotidianidad que vivimos, podemos mirar nuestras raíces y renacer nuestro sentido patrio. Nuestra verdadera fiesta va más allá de lo anterior; las fiestas patrias serán una apuesta de vida, un jugarnos la vida por hacer en lo cotidiano una contribución por y para un México mejor.
