El arte de atraer la contemplación

Como dice Nietzsche, contemplar va más allá de mirar, pues es “acostumbrar al ojo a mirarcon calma y paciencia, a dejar que las cosas se acerquen a los ojos”. Hay buenas claves allíque apuntar: “calma”, pues la contemplación no llega en la intranquilidad; “paciencia”,pues no se da al primer intento; “dejar”, pues hay algo de pasivo en la contemplación,algo de soltar y permitir, pero también hay un “acostumbrarse”, que habla de una búsqueda, un hábito, una disposición anímica activa. Decía Picasso que “la inspiración existe,pero debe encontrarte trabajando”. Pienso que, de igual manera, la contemplaciónes un estado al que llegamos, pero no gratuitamente.

Hoy, muchos, sobre todo quienes nos desarrollamos en el área educativa, hemos tomado unos días de descanso. Hemos hecho a un lado las labores académicas para cambiar de actividades y tomar fuerza para el curso que comienza el mes próximo.

Aún desconocemos cómo será, pues continuamos moviéndonos en el conocido, pero incómodo, modo de incertidumbre. Sin embargo, o más aun por eso mismo, este parón es especialmente deseado.

Hace un par de semanas escribí sobre el descanso, hoy deseo enfocarme a un elemento del mismo: la contemplación.

Como dice Nietzsche, contemplar va más allá de mirar, pues es “acostumbrar al ojo a mirar con calma y paciencia, a dejar que las cosas se acerquen a los ojos”.

Hay buenas claves allí que apuntar: “calma”, pues la contemplación no llega en la intranquilidad; “paciencia”, pues no se da al primer intento; “dejar”, pues hay algo de pasivo en la contemplación, algo de soltar y permitir, pero también hay un “acostumbrarse”, que habla de una búsqueda, un hábito, una disposición anímica activa.

Decía Picasso que “la inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando”. Pienso que, de igual manera, la contemplación es un estado al que llegamos, pero no gratuitamente.

En estos días sembremos la contemplación a través de la búsqueda del sosiego, esa tranquilidad distante de distractores para, poco a poco, acercarnos a lo que nos rodea y disfrutar de ese especial mirar que llena nuestra espiritualidad.

Me viene a la mente una imagen que les comparto: un tren se acerca a la estación de llegada a muy alta velocidad. Por el peso de los vagones y la rapidez de su marcha, si frena abruptamente podría hacer estragos. En cambio, si reduce la velocidad, podrá disminuir el ritmo suavemente hasta detenerse por completo.

Luego de ello, el tren podría retomar su marcha al instante o hacer una pausa para cargar gasolina, revisar sus motores y, ya limpio (y sanitizado, como exigen nuestros tiempos), retomar su camino con vigor y seguridad.

De manera semejante, nosotros vamos como un tren a toda marcha, a una velocidad a veces excesiva, por lo que, al iniciar días de descanso, más que un parón, tendríamos que, lentamente, ir pausando nuestra consciente hiperactividad para ir abriendo paso a otras actividades reposadas del interior.

Es en este freno suave, paciente y consciente, donde tiene cabida el pensamiento, la reflexión y la contemplación. Es en ese espacio-tiempo en el que podemos contemplar a quienes están con nosotros, a nosotros mismos o a las maravillas del contexto.

La magia de la contemplación es la que nos permite apreciar lo bello que está allí, valorar la belleza natural que trae cada mes, la lluvia, el frescor de las mañanas, la luz entre los árboles, los atardeceres, las tonalidades de verde o los dibujos de las hojas, o podríamos, también, ver a Dios y abrirnos a lo que existe, pero que en el devenir diario no alcanzamos a fijar en nuestro interior.

Oxigenemos nuestra interioridad con la contemplación, pues alimentado el espíritu y descansado el cuerpo podremos disfrutar nuestro andar y podremos retomar con renovada ilusión el trabajo que nos espera, ¡felices días de descanso!

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