De “¿ahora qué?” a “bienvenidos a la nueva normalidad”
Más allá de la tendencia amarillista en las redes y sin minimizar situaciones difíciles, se escuchan menos ambulancias en las calles, la vida toma un nuevo rumbo, ha llegado otra faceta de la famosa “nueva normalidad”
Las últimas semanas hemos tenido nuevas y en su mayoría buenas noticias. Los semáforos han cambiado de color, los mayores de 50 y los docentes han sido vacunados con una organización extraordinaria, e inician ahora los de 40 o más. Se reactivan algunos sectores económicos y se abre la posibilidad de volver a clases.
Estos días las pantallas nos muestran alumnos que libremente volvieron a las aulas. Existen temores, sin duda, pero la infancia es intrépida y llegan frases que nos llenan de aliento: “qué alegría ver a mis compañeros, aunque sea unas horas”, “quiero ver a mi maestra” y el glorioso “¡ya me cansó el celular!”
Más allá de la tendencia amarillista en las redes y sin minimizar situaciones difíciles, se escuchan menos ambulancias en las calles, la vida toma un nuevo rumbo, ha llegado otra faceta de la famosa “nueva normalidad”.
Ante ello, algunas personas están padeciendo “el síndrome de la cabaña”, respecto al confinamiento vivido. Éste hace alusión al miedo a la exposición real o mental a todo lo que suponga salir del contexto y de la situación actual o reciente, por lo que motiva a las personas a recluirse y aferrarse a la sensación de seguridad.
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Eso no es de personas hurañas o extrañas, sino es una de las posibles consecuencias tras 15 meses de confinamiento en un lugar y con las mismas personas. Ese lugar, el hogar, se transforma o se percibe como una fortaleza que nos protege de situaciones estresantes o dolorosas.
Para protegernos y proteger a la comunidad, hemos trabajado y estudiado desde casa, hemos practicado nuestros hobbies indoor, hemos pedido mercados y compras a la puerta y, quienes somos creyentes, hemos tenido servicios religiosos a un clic de distancia, entre otros.
Todo este sistema nos ayudó, pero ahora toca volver a la nueva normalidad. Corresponde retomar lo aprendido, y salir de posibles hábitos solitarios u ocultamente egoístas.
De acuerdo con la sicóloga española Andrea Vega Seoánez, podríamos presentar, entre muchas otras reacciones, conductas como: dificultad para retomar la rutina laboral y acciones cotidianas, deseo de evitar el contacto presencial y temor a planear a futuro.
Frente a esto, hoy nos toca recomenzar poco a poco. Si a ti o a alguien cercano le sucede algo parecido, paso algunas ideas para ir contra corriente y hacia un buen lugar:
Escribe y memoriza lo valioso que te ha dejado el confinamiento y no lo dejes ir, di a quienes amas que los amas y acércate a quienes te ha causado dolor dejar de ver.
Recomienza tus rutinas, pero flexibiliza tus patrones. Reinvéntate, no vuelvas a lo mismo, no es el mismo mundo, es un nuevo mundo. Abre tu mente, arriésgate a nuevas decisiones, nuevos caminos. Ponte objetivos, pocos y a corto plazo, y avanza hacia ellos. Enfrenta poco a poco los estímulos que puedan generarte temor, ansiedad o desgano.
Si en el confinamiento desarrollaste hobbies, no los dejes, compártelos. Comparte también tus vivencias, desarrolla la escucha presencial, disminuye el uso de los gadgets y déjalos para lo que realmente lo requiere.
Aprende a sonreír detrás del cubrebocas, pues tus ojos no están escondidos. Sonríe, poco a poco, a quien cada vez te pasa un poco más cerca.
Todos tenemos nuestros tiempos, date tu tiempo, pero no te pauses, no te quedes estancado. Esta “nueva normalidad” te ha hecho resiliente, te ha quitado y dado muchas cosas, por lo que, sin prisa y a la vez sin pausa, demos la bienvenida sea “la nueva normalidad”.
