Aunque parezca increíble
Hoy más que antes, la universidad ha de brindar las oportunidades para aprender a servir, para ejercitarse en el arte de saber con un por y un para. Quien pasa por la universidad por un motivo y con un para qué, brindará a la sociedad del siglo XXI los ciudadanos que necesita.
La semana pasada nos reunimos cerca de 150 rectores de universidades de nuestro país con el objeto de revisar la Declaración de Valencia, documento que refleja las conclusiones y compromisos de la magna reunión internacional desarrollada bajo el paraguas temático de universidad y sociedad.
Aquellos días en Valencia fueron ricos, por haber podido compartir las inquietudes de quienes estamos en Instituciones de Educación Superior; los desafíos que nos preocupan, pero, sobre todo, nos apasionan y ocupan. Preguntas como ¿qué pasará con el avance de la IA? ¿Serán necesarias las universidades? ¿Qué modelo han de tener? Esto y más fueron los temas abordados y dentro de la Declaración final me detengo en uno de los acuerdos a los que asentimos todas las universidades ahí presentes. Es el primero en el listado de siete y da mucho qué pensar. Lo cito:
“Reforzar la misión de la universidad para que la docencia, la investigación y la transferencia del saber integren los retos sociales, medioambientales y económicos, redoblando así el compromiso y las acciones hacia el bienestar y el progreso de nuestras comunidades, del planeta y de la sociedad en su conjunto”.
Titulé la columna: Aunque parezca increíble, y es que pareciera increíble la necesidad de una reunión de expertos para fijar como acuerdo reforzar la misión de la universidad. Es preciso reflexionar reiteradamente sobre lo que es básico y esencial, porque el tiempo, los diferentes progresos, la vida misma pueden borrar lo propio del ser, en este caso de la universidad. Reflexionar sobre su misión es honrar el saber, es reiterar el compromiso de que cada persona, profesor o alumno, que tiene la oportunidad de acceder a estudios superiores, pueda ser capaz de integrar en su área específica no sólo conocimientos, sino también una actitud vital que le haga ver a la sociedad para servirla, al mundo para procurar una vida que mejore los retos que enfrentamos; los estudios y competencias adquiridas para llegar a las diferentes comunidades y como un tema especialmente señalado, cuidar el planeta, esta casa común —llamada así por SS Francisco—, que a todos pertenece, que hemos de conservar y en ocasiones, incluso rehacerla.
Aunque parezca increíble nunca es tarde para repensar las cosas, y la universidad es mucho más que una cosa, es una institución con más o menos nueve siglos de existencia; no podemos olvidar su pasado y su historia si queremos repensarla; sabemos que el precio de pasar por alto la historia suele ser alto. No nació bajo el binomio estudiado en Valencia, Universidad y Sociedad; nació para ofrecer la diversidad de saberes, para situarse posteriormente en la vanguardia de los saberes científicos y más adelante, contribuir con éstos al desarrollo económico y social de cada país. La sociedad reconoce a la universidad como un faro que ilumina el camino hacia el progreso.
En fin, un estudio histórico de la universidad apasionaría a cualquiera de mis colegas, pero no es para esta columna; lo que sí es que por “increíble que parezca” y por más que la universidad ha seguido diferentes derroteros desde su primera aparición, hay un leitmotiv común: servir. La universidad está llamada a ser un lugar donde se aprenda a vivir para servir. Hoy tener conocimientos se consigue con un clic; aprender a servir lleva la vida. Que no se nos vaya la vida sin aprenderlo, porque es así como se plasma la contribución al entorno próximo, al remoto, al país, a la sociedad, al planeta.
“Por increíble que parezca”, hoy más que antes la universidad ha de brindar las oportunidades para aprender a servir, para ejercitarse en el arte de saber con un por y un para. Quien pasa por la universidad por un motivo y con un para qué, brindará a la sociedad del siglo XXI los ciudadanos que necesita.
Y pues una vez más, aunque parezca increíble, hay que reunirse para no olvidar lo esencial cuantas veces sea necesario.
