Aprenda inglés sin esfuerzo y adelgace sin sacrificio ¿se puede?

La excelencia o calidad no se encuentra en las cosas, sino en las personas; no es un estado al que se llega, sino una situación dinámica derivada de una continua superación; esta superación no depende de la comparación con el estado de otros, sino con un estado propio inmediatamente anterior.

Anuncios comerciales como el título de esta columna los encontramos por doquier. Todo lo que pueda minimizar esfuerzo, ahínco y sacrificio es atractivo para cualquier cliente. Las apps nos aseguran que el tiempo dedicado a crecer puede acortarse sin problema. Es realmente atractivo ¿quién no lo desea?, ¿quién no quiere mejorar sin tener que poner casi nada de su parte? Esta falsa promesa de lograr algo evitando el costo del esfuerzo nos engaña y a la vez nos roba una de las realidades más bellas del hombre, su afán de superación, de lucha y su propensión a esforzarse. El esfuerzo es sinónimo de brío, de empleo enérgico de nuestra voluntad, de ánimo activo; sólo los seres humanos somos capaces de movernos con esfuerzo hacia una finalidad que consideramos valiosa. Son dignas de nuestra admiración las personas a nuestro lado que con base en un esfuerzo continuado han alcanzado la excelencia en sus distintos ámbitos de acción, como el familiar, el laboral, el deportivo.

Ya 2,500 años atrás, Tucídides empleó el concepto de excelencia referido a los servicios públicos y fue haciéndose popular en todos los ámbitos. Esta excelencia a la que él se refería no puede procurarse sin la exigencia y el esfuerzo que ésta conlleva. De la múltiple literatura en torno a la excelencia y calidad, recojo algunos elementos que rescatan su valor. Como un primer acercamiento, es que la excelencia o calidad no se encuentra en las cosas, sino en las personas; no es un estado al que se llega, sino una situación dinámica derivada de una continua superación; esta superación no depende de la comparación con el estado de otros, sino con un estado propio inmediatamente anterior; no se logra a base de golpes maestros o actos grandiosos, sino en el día a día, en el trabajo normal, es un cúmulo de cosas pequeñas; se trata de aumentar la calidad de las acciones personales y su resultado en un porcentaje continuo, no grande ni pequeño, sino ininterrumpido y conlleva tener siempre delante algo en que mejorar. Y, por dar fin a este listado, es importante que en este deseo de excelencia se obtengan resultados, pero más importante es el exigirse para lograrlos. En otra cara de la excelencia y la exigencia, está la exigencia a los demás y la exigencia a uno mismo. La dimensión de la exigencia a otros es transitiva y requerida para cualquier director, CEO, profesor; quien no se atreve a exigir queda descalificado a ojos de los demás. Y la dimensión de la exigencia, que sólo conoce cada uno, es la llamada reflexiva, y que, siguiendo la tesis de Carlos Llano, es la más importante, pues si bien, en la exigencia transitiva lo relevante es ese “algo” que exijo, en la exigencia reflexiva lo importante soy yo mismo que me exijo y despliego en mí el esfuerzo, la disciplina y el orden. La claridad del objeto valioso que pretendo, el dominio de las tendencias que pueden distraerme de su alcance, el alejamiento de las apetencias —buenas, incluso— que debilitan el esfuerzo y concentración, la constancia en el afán, imprimen excelencia en mí. La calidad de las obras que se realizan de esta forma son fruto de la calidad humana de quien las realiza y encuentra en esto la alegría del deber cumplido. No el deber en sí, que sería estoico, sino del deber valioso, del deber libremente asumido. De esta manera, la excelencia humana que busca objetivos existencialmente valiosos permite alcanzar la felicidad. Mienten quienes consideran al hombre exigente consigo mismo como infeliz o “prisionero de deberes”, como mienten quienes consideran que la felicidad se alcance siguiendo únicamente los propios gustos. No hay objetivo o virtud que se pueda adquirir sin esfuerzo, por lo que, si asociamos el concepto de felicidad al de exigencia, cambiaremos la perspectiva que requiere nuestra sociedad para llegar a la excelencia.

No más inglés sin esfuerzo; podemos decir: mejora con esfuerzo y seguro, felicidad lograda.

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