Rigor de papel

Sin un diagnóstico clínico sobre las medidas a implementar para evitar la corrupción, el funcionario José Serrano acaba de cumplir un año cobrando por ir a sentarse a su oficina

En la Ciudad de México la integridad de la administración pública está bajo el riguroso lente de un convidado de piedra al frente de la Secretaría de la Contraloría General.

Juan José Serrano, titular de la dependencia, mantiene un burlesco rigor de papel de la transparencia y rectitud del servicio público, omitiendo o pasando por alto las faltas de los funcionarios, según sea el nivel de gracia, del gobierno de la Ciudad de México.

José Serrano llegó al frente de la dependencia encargada de prevenir, controlar, auditar y evaluar a los entes y las personas en el ejercicio de gobierno –de acuerdo a su propia misión– luego de una encontrada votación en el Congreso de la Ciudad de México pues carecía, y sigue careciendo,  de un plan de trabajo, hay cero estrategia para la labor encomendada y de su experiencia para la función ni qué decir por lo poco que hay. Por ello no voté a favor de su ratificación.

Sin un diagnóstico clínico sobre las medidas a implementar para evitar la corrupción, el funcionario acaba de cumplir un año cobrando por ir a sentarse a su oficina, mientras afuera los servidores públicos siguen quebrando la ley que deberían velar por cumplir.

Para muestra, hay más de un botón. Esta semana Claudia Sheinbaum, la Jefa de Gobierno  de la Ciudad de México, anunció la separación del cargo de dos altos funcionarios, por faltar a su compromiso de austeridad y poner en riesgo su posición con un aparente conflicto de intereses.

El consejero Jurídico y la titular del Instituto de Verificación Administrativa presentaron su renuncia a la Jefa de Gobierno luego de utilizar un avión particular de un empresario.

Más allá de los hechos, los cuales por supuesto deberán ser revisados –aunque las renuncias ya fueron aceptadas– lo lamentable de ambos casos es la forma en la que Claudia Sheinbaum se enteró: a través de la voz de ciudadanos que los señalaron.

Sin restar, de ninguna manera, el mérito de la denuncia ciudadana, el problema de fondo es que a quien le pagan por realizar esta actividad de inteligencia y control ha resultado ser un contralor de papel que, precisamente, carece de esas dos virtudes: que no mantiene a la Jefa de Gobierno informada de los casos de corrupción y es omiso en ser el primero en señalarlos.

Otro ejemplo es el lamentable caso de la Feria de Chapultepec en donde se presume omisión de funcionarios públicos en la revisión de la infraestructura y seguridad que costó vidas humanas.

Tampoco en esa ocasión hizo su trabajo y a la fecha no hay responsables.

Es lamentable que en un gobierno que se ensalza en la bandera de la austeridad y combate a la corrupción como la médula espinal de su mismísima existencia, tengan al frente de una de las principales dependencias de esta función a la nulidad.

Puede seguir cobrando de contralor. Tiene suerte de que haya ciudadanos comprometidos y responsables haciendo su trabajo e ingeniándoselas para llegar hasta la Jefa de Gobierno a informarle.

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