Memoria y tolerancia

El ser humano es complejo e interesante, con un sinfín de posibilidades que nos han llevado a revolucionar año con año este mundo de una manera acelerada. A veces creo que este rápido y avanzado momento que vivimos nos rebasa por mucho a nosotros mismos. Y así como ...

El ser humano es complejo e interesante, con un sinfín de posibilidades que nos han llevado a revolucionar año con año este mundo de una manera acelerada. A veces creo que este rápido y avanzado momento que vivimos nos rebasa por mucho a nosotros mismos.

Y así como hemos evolucionado en muchos sentidos, nuestra especie ha cometido los eventos más atroces que he podido escuchar, y en algunas y contadas ocasiones ser testigo.

La memoria, considero, es algo de lo que nos deshacemos fácilmente como especie. Gozamos o sufrimos, según fuere el caso, y después se nos da el olvido.

Olvidar puede ser muchas veces para bien, pero otras, creo que sería importante recordar para no repetir. Nos sorprende que las plantas curen y que los animales no nos ataquen. Que la comida fresca sea deliciosa y nutritiva y que en el fondo del mar encontremos tanta belleza y vida, a pesar de toda la contaminación que hemos provocado. No nos inmuta ver una persona con hambre en la calle o un muerto en los titulares del periódico. Somos amigos de la indiferencia.

Y no caemos en la cuenta de que esa indiferencia que practicamos nos vuelve cómplices y responsables de nuestra realidad. En esa clase de humanos nos hemos convertido.

Tuve la oportunidad de recorrer el Museo de

Memoria y Tolerancia en la Ciudad de México y realmente no sabía a lo que me iba a enfrentar. En mi recorrido me fue asignado un excelente, sensible y letrado ser humano, Óscar, quien me guió en un viaje que hoy agradezco profundamente y que definitivamente derivó en un impacto positivo en mí.

Mientras él me contaba las atrocidades a las que fueron expuestas millones de personas por un grupo de hombres estudiados y graduados de universidades prestigiadas, entendí que los conceptos básicos a los que todo ser humano debe estar expuesto diariamente, muchas veces no son prioridades de las universidades y escuelas que hemos creado, también en la familia los hemos relegado.

La competitividad y el tener más, el ser mejor que el otro es lo que estamos enseñando y aprendiendo. Los valores, esos de los que tanto se habla, no sólo hay que hablarlos, hay que practicarlos, transmitirlos y volverlos parte de nuestro estilo de vida.

Retomando mi recorrido, llegamos a la sala más emblemática del museo, donde está un vagón real que trasladaba a las personas a los campos de concentración; mientras que para mí fue un momento muy emotivo y decidí mantenerme a lo lejos, porque una bola de sentimientos se apoderó de mí, muchas personas entraban y salían del vagón tomándose selfies y fotos sin la más mínima conciencia de todo el dolor, terror, tristeza que conlleva este episodio tan fuerte de nuestra historia, o al menos eso parecía.

Necesitamos recuperar los conceptos básicos y necesarios para vivir en este mundo, como el respeto, la solidaridad y la tolerancia. Y salvaguardar la memoria, ésta nos da una tremenda perspectiva de lo que no queremos ni debemos permitir que vuelva a suceder. 

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