La Línea Maginot
• Las Fuerzas Armadas están a punto de ser rebasadas, no por el enemigo, sino por el escritorio. Tienen demasiados frentes abiertos: contra el crimen organizado, contra el COVID-19, contra los migrantes, contra Santa Lucía, contra los Bancos del Bienestar, contra el Tren Maya, contra el Desarrollo de México.
Por Daniel Gómez-Tagle Hernández
La crueldad de la Primera Guerra Mundial dejó en sus veteranos una profunda huella. En Francia, dos de ellos se enfrentaron por un proyecto de defensa pensando en la siguiente gran guerra, por un lado, Charles de Gaulle apostaba por los novedosos aviones y otras tecnologías de punta, por el otro, André Maginot insistía en un modelo de guerra de trincheras, como se había usado cientos de años.
En 1929 inicia la construcción de una línea de defensa entre Alemania e Italia, nombrada, tras su creador, como Línea Maginot, 19 fortalezas a lo largo de 400 km de frontera, toda la estructura e ingeniería suficiente y necesaria para sostener embates de largo plazo. Su construcción fue uno de los más grandes proyectos militares del siglo XX, al mismo tiempo, es considerado como el mayor fracaso militar del siglo XX.
La Línea Maginot consideró un modelo de guerra basado en la experiencia de militares anacrónicos que ignoraron las posibilidades de las nuevas tecnologías, sus capacidades y las nuevas estrategias que de ellas derivaban. Mientras los franceses hicieron un impresionante esfuerzo de nueve años para atrincherarse en una guerra por tierra, los alemanes invadieron Francia en tan sólo seis semanas, cruzando por donde no se había construido línea, pensando que no era posible que un ejército cruzara por ahí y, peor aún, pasaron, literalmente, volando sobre ella. Para estar listos al futuro, Maginot eligió revivir el pasado y perdió.
Con más de 80 homicidios diarios, México enfrenta sus propias batallas en una guerra imposible de definir con precisión, bajo este precepto, la cantidad de frentes abiertos supera la capacidad del Estado para responder siquiera, ya no hablemos para hacerlo de manera eficiente. Pero una guerra se libra y se gana no sólo en el frente, sino también en el escritorio del comandante supremo. Es en su escritorio donde se firman órdenes que cuestan o salvan vidas, sin inteligencia del enemigo, generalmente ocurre lo primero, pero nos encontramos ante un comandante supremo que, a pesar de contar con inteligencia, elige no utilizarla. El comandante supremo, López, apuesta el futuro de México a las “glorias” pasadas del petróleo, para ello se apoya en una Secretaría para el Desarrollo Nacional, mejor conocida como Sedena, que, en sus ratos libres, se disfraza de Guardia Nacional. Insiste en construir su línea defensiva en un modelo que, si bien en este 2020 no es obsoleto, ignora que el mercado internacional está haciendo avances tecnológicos a pasos agigantados, para ello, además, ha hecho uso de la fuerza, porque el Ejército representa la fuerza pública, según las leyes mexicanas, en todos los flancos donde le ha sido posible.
Las Fuerzas Armadas están a punto de ser rebasadas, no por el enemigo, sino por el escritorio. Tienen demasiados frentes abiertos: contra el crimen organizado, contra el COVID-19, contra los migrantes, contra Santa Lucía, contra los Bancos del Bienestar, contra el Tren Maya, contra el Desarrollo de México. No se malinterprete, yo confío en la capacidad de las Fuerzas Armadas, pero, como he sostenido muchas veces, un soldado no causa alta para convertirse en policía, mucho menos en albañil o, peor aún, guardia de seguridad. Los soldados y marinos de México pueden con todos los encargos, pero, al asumir funciones de otras secretarías, significa que el que no puede es el Estado.
Resultará tentador y muy simple, eventualmente, culpar al Ejército y a la Marina de una serie de errores y fracasos, básicamente porque al ritmo de “para todo mal, la Guardia Nacional”, el futuro del país está siendo puesto en manos de soldados obligados a obedecer las órdenes de su comandante supremo, pero hay que tener claro que es el comandante, no los soldados, quien ha ordenado construir nuestra muy costosa Línea Maginot.
Necesitamos que el titular del Poder Ejecutivo entienda su encargo, nos urge un Presidente a cargo de la administración pública en todo sentido, no un comandante supremo que abusa de las Fuerzas Armadas para su proyecto de nación. Estamos construyendo una defensa férrea contra el pasado sin ver que el futuro, simplemente, le está pasando a México por encima.
LA DEL ESTRIBO
Atención a Centros Penitenciarios, no hay forma de restablecer el orden, en apego a derecho, ante un motín por emergencia sanitaria.
